sábado, 8 de abril de 2017

189. LA CIUDAD COMO ECOSISTEMA



Urbanizar es ocupar un espacio natural, es decir, es humanizar un territorio. Tal proceso de humanización debe pasar por la toma de conciencia de que cada intervención urbanística es un acto moral donde debe prevalecer el diálogo con los distintos sectores sociales, culturales y económicos implicados. Y sin olvidar que, en cada metro cuadrado que aumenta la superficie de la ciudad, se debe privilegiar la calidad frente a la cantidad de las intervenciones, sin subordinar al campo.
Los ciudadanos tenemos derecho a la ciudad (Henri Lefebvre 1968: Le Droit à la ville, Paris: Anthropos). Este derecho exige la puesta en marcha de un programa de investigación y acción política que permita a los ciudadanos recuperar la ciudad, restituyéndoles el derecho a participar de la vida urbana, como punto de partida de una renovación democrática de la sociedad.
No se trata de una simple postura humanista o culturalista opuesta a la lógica de la rentabilidad de la ciudad, sino de una defensa ilusionada de un plan de fortalecimiento de la sociedad civil, promoviendo acciones que faciliten el desarrollo sostenible del centro urbano, que aseguren la calidad de vida en los barrios periféricos y que establezcan espacios de creatividad, de encuentros espontáneos y de intercambios. Se trata en definitiva de renovar las prácticas urbanísticas para hacer de la ciudad un territorio tan natural como civilizado, como un ecosistema que pueda integrar lo humano, lo animal, lo vegetal, lo material y lo inmaterial en un todo interdependiente.

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