sábado, 29 de abril de 2017

193. CON LAS LLUVIAS DE ABRIL...





192. CIUDAD SANA


Para estar sanos no basta con cuidar su propia salud; es también fundamental vivir de manera que se respete y refuerce la salud de nuestro entorno



Los árboles y jardines de Jerez sufren por la negligencia y el abandono por parte de los responsables municipales, tanto como por la violencia infligida por ciudadanos desaprensivos. Los casos son numerosos; es suficiente un paseo por cualquier calle o parque para detectar el mal estado generalizado de las plantas en los espacios públicos, con algunas excepciones notables.
Pero hoy quisiera destacar otra forma de maltrato bastante común desgraciadamente: la pulverización con plaguicidas y herbicidas (evito conscientemente el uso del eufemismo “productos fitosanitarios”), como en este caso que muestra la foto, en la plaza Vendimia, pese a que la Directiva del Parlamento Europeo y del Consejo de la Unión Europea de 21 de octubre de 2009 avisa claramente que “la pulverización aérea de plaguicidas puede causar efectos negativos significativos en la salud humana y el medio ambiente, sobre todo por la deriva de la pulverización”.
Para estar sanos no basta con cuidar su propia salud; es también fundamental vivir de manera que se respete y refuerce la salud de los demás, la de nuestra campiña y la de nuestros jardines incluidas.

sábado, 22 de abril de 2017

191. TRAS EL VENDAVAL

Después de dos jornadas de vendaval, la muerte y la corrupción se han extendido por todas partes en el jardín. He visto frutos caídos antes de madurar y tallos rotos que hasta ayer estaban llenos de savia fresca. He visto flores marchitas recién abiertas y ramas jóvenes violentamente despojadas de sus yemas...
Esta vez me he negado a buscar signos en el jardín que apunten a la esperanza de recuperar el verdor robado. Lo que no me ha impedido ponerme inmediatamente manos a la obra para reparar los daños, más por tenacidad que por optimismo.
Los jardineros nunca nos consideramos vencidos. El coraje es a la vez virtud y gaje de este oficio.

Fuente: el Jardinero Tranquilo en La Voz de Sur

sábado, 15 de abril de 2017

190. FLORES SEDUCTORAS


Las flores son los órganos reproductores de las plantas. Eso lo hemos oído decir miles de veces. Pero lo que no suelen contarnos es que sus diseños no sirven para atraer a plantas del sexo opuesto, como cabría esperar, sino para seducirnos a nosotros y a otros animales. Dado que sus raíces las mantienen ancladas en el suelo, las plantas no pueden desplazarse para propiciar la ocasión del encuentro sexual con otras plantas. Establecerse en tierra firme fue un gran paso evolutivo para las plantas, que trajo consigo este nuevo reto: ¿cómo asegurar la reproducción sexual en tales condiciones de inmovilidad forzosa, evitando, por otra parte, la opción más fácil, la autofecundación, por sus indeseables consecuencias?
Así, mientras algunas especies de plantas, como el ciprés y el olivo, confiaron la dispersión de su esperma (polen) en la mecánica azarosa del viento, otras prefirieron ingeniárselas para servirse de los seres vivos dotados de movilidad a modo de "mamporreros”. Por ellos (por nosotros) las plantas aumentaron el tamaño de los pétalos de sus flores, los colorearon, los enriquecieron de néctar y los perfumaron. Es el caso de plantas como este cantueso (lavándula stoechas) fotografiado ayer en un pinar en las afueras de Jerez. Esta planta tiñe sus pétalos con colores de la gama del azul para seducir particularmente a las abejas.
Dado que todo intermediario exige su salario, el cantueso tiene que asumir una parte de pérdida, ofreciendo mucho néctar e incluso parte del polen para el consumo de la abeja, con tal de asegurarse de que ésta lo ayudará a reproducirse conduciendo su esperma hasta la vulva (estigma) de la flor de otro cantueso en el vecindario.

sábado, 8 de abril de 2017

189. LA CIUDAD COMO ECOSISTEMA



Urbanizar es ocupar un espacio natural, es decir, es humanizar un territorio. Tal proceso de humanización debe pasar por la toma de conciencia de que cada intervención urbanística es un acto moral donde debe prevalecer el diálogo con los distintos sectores sociales, culturales y económicos implicados. Y sin olvidar que, en cada metro cuadrado que aumenta la superficie de la ciudad, se debe privilegiar la calidad frente a la cantidad de las intervenciones, sin subordinar al campo.
Los ciudadanos tenemos derecho a la ciudad (Henri Lefebvre 1968: Le Droit à la ville, Paris: Anthropos). Este derecho exige la puesta en marcha de un programa de investigación y acción política que permita a los ciudadanos recuperar la ciudad, restituyéndoles el derecho a participar de la vida urbana, como punto de partida de una renovación democrática de la sociedad.
No se trata de una simple postura humanista o culturalista opuesta a la lógica de la rentabilidad de la ciudad, sino de una defensa ilusionada de un plan de fortalecimiento de la sociedad civil, promoviendo acciones que faciliten el desarrollo sostenible del centro urbano, que aseguren la calidad de vida en los barrios periféricos y que establezcan espacios de creatividad, de encuentros espontáneos y de intercambios. Se trata en definitiva de renovar las prácticas urbanísticas para hacer de la ciudad un territorio tan natural como civilizado, como un ecosistema que pueda integrar lo humano, lo animal, lo vegetal, lo material y lo inmaterial en un todo interdependiente.

sábado, 1 de abril de 2017

182. CÍTRICOS EN AL-ANDALUS



Los pétalos de azahar de los naranjos amargos (Citrus aurantium) cubren cada primavera las calles andaluzas desde hace al menos 900 años. Además del naranjo amargo, en la Andalucía musulmana del siglo XII crecían cinco variedades de cidros (Citrus medica) y tres variedades de limonero (Citrus limonum), según cuenta el agrónomo andalusí Ibn al’Awwam en su Libro del Agricultor.
Este sabio sevillano citaba también otro cítrico llamado zamboa que aún no ha podido ser identificado con exactitud. La etnóloga Françoise Aubaile-Sallenave, del museo de Historia Natural de París, ha dedicado un estudio, publicado en Granada por el CSIC-ICMA, a ese misterioso pariente del naranjo amargo que crecía en Al-Ándalus. Tras plantearse la posibilidad de que pudiese tratarse de la primera referencia en Occidente del naranjo dulce o tal vez del pomelo, la investigadora concluye que lo más probable es que la zamboa no fuese, después de todo, sino un híbrido del cidro.
En cualquier caso, las palabras no engañan, sino que somos nosotros quienes solemos equivocarnos al darles un referente. La zamboa sin duda existió y era distinta del cidro, del limonero y del naranjo amargo, tal como Ibn al’Awwam aseguraba en su libro, seguramente con la misma sinceridad con la que Paul Éluard, mucho tiempo después de aquel, afirmaba en sus versos que la tierra es azul como una naranja. 

Fuente: El Jardinero Tranquilo en La Voz del Sur