sábado, 18 de febrero de 2017

175. EN EL ESPEJO DE UN CHARCO





Los charcos urbanos son indicadores socio-económicos. Su número, tamaño y duración son inversamente proporcionales a la renta media del lugar. Por eso, difícilmente los veremos en los barrios más ricos; mientras que abundan, son grandes y persistentes, durante los meses de lluvia, en los barrios rurales y en los distritos más humildes de cada ciudad. 
Los charcos generan micro-ecosistemas efímeros llenos de vida, pero también son foco de insalubridad. Y guardan tenazmente la memoria de injusticias sociales y de viejas prácticas urbanísticas. En el espejo de los charcos se reflejan las carencias, los sueños frustrados y los deseos reprimidos de los lugareños.
Recuerdo que en el barrio donde me crié se formaban grandes charcos y lodazales que tardaban mucho tiempo en desaparecer. Entonces los niños jugábamos a pisotearlos y a clavar objetos punzantes en los bordes fangosos, por mero placer, sin pensar que en aquellos gestos infantiles pudiera haber algo de inconformismo o, tal vez, de subversión. 
Actualmente hay mucho menos charcos en mi ciudad que en aquellos tiempos, es cierto, pero todavía los hay y su función sigue siendo exactamente la misma. 
Vale la pena pararse junto a un charco y sentarse a observar. La realidad se ofrecerá libremente a ti para que la desenmascares, sin opción, como diría Kafka.

Fuente: El Jardinero Tranquilo en La Voz del Sur

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