sábado, 28 de enero de 2017

172. CERO COMA TRES




Los científicos llaman “biomasa” a la cantidad total de materia viva presente en una comunidad o ecosistema. En nuestro planeta, los animales (incluidos los humanos) constituimos solo el 0,3% de la biomasa total. El 99,7% restante son plantas. Estos datos, que leí recientemente en un librito muy interesante sobre la inteligencia de las plantas (Mancuso & Viola: Brilliant Green, Island Press 2015), hablan de la pequeñez humana.
Esta pequeñez nos vuelve obstinados, de manera que no vemos fácilmente lo que no queremos ver: que la Tierra, aunque aparezca azul vista desde el espacio, es, en realidad, un planeta verde. Los expertos auguran que el siglo XXI será el siglo de la Biología, sobre todo en los ámbitos de la genética y de la biotecnología. ¿Pero seremos capaces de hacer frente a los desafíos éticos que plantean los avances en estas disciplinas?
Ojalá los biólogos del siglo XXI puedan conseguir hacernos comprender (y asumir) nuestra ínfima posición en la biomasa del planeta. 
Ojalá que puedan ayudarnos a convertirnos en humanos antes de que la ciencia nos convierta en dioses. 
Pero no puedo evitar un cierto optimismo respecto al futuro del pesimismo.

sábado, 21 de enero de 2017

171. AL MENOS, PODEMOS




Una planta no es un individuo, sino sistema. En tanto que sistema, ninguno de sus órganos es vital hasta el punto de ser imprescindible. Por eso podemos podar un árbol, como este jacaranda de la plaza de la Yerba, sin que muera.
Al no tener pies ni patas para escapar de sus potenciales enemigos, las plantas resisten a las agresiones de éstos regenerando la parte destruida o comida. Incluso han desarrollado la capacidad para reconstruirse a partir de uno de sus fragmentos.
En jardinería, llamamos “esquejes” a estos fragmentos capaces de regenerar una planta entera. Un esqueje no es propiamente el hijo de una planta, aunque lo consideremos comúnmente así, sino que, en realidad, es una fracción del sistema que reconocemos como una planta.
Debido a esta capacidad para regenerarse y para reproducirse creando copias de sí mismas, se podría decir que las plantas han sabido escapar a la dialéctica entre la vida y la muerte a la que estamos sometidos (por el momento) los seres humanos y los animales.
Eso sí, sacrificando la individualidad en beneficio de una identidad plural, como sistema. Por suerte, las plantas no enloquecen por ello —que sepamos, al contrario de lo que le sucedió a Narciso cuando tomó consciencia de que no era único—...

sábado, 14 de enero de 2017

170. LA OPORTUNIDAD




Allí donde algunos ven degradación y ruina, otros ven oportunidad para la recuperación y el crecimiento. En la foto, un callejón abandonado en el centro de Jerez, a la espalda del centro comercial Los Cisnes, aparece cubierto por un jardín espontáneo. El genio de las plantas está en que ellas saben siempre aprovechar la oportunidad.
Al propagarse de este modo, las plantas no conquistan espacios urbanos abandonados, sino que, en realidad, lo que hacen es restablecer espacios naturales perdidos, recordándonos que el desarrollo de nuestras ciudades no es durable. 
Cada día los medios difunden la voz de los expertos advirtiéndonos de los riesgos económicos, sanitarios, sociales y ecológicos del progreso humano. Pero a pesar de tales advertencias y de la evidencia de los datos pesimistas que arrojan los estudios científicos, no modificamos nuestros comportamientos.
Aceptamos la crisis actual con un sentimiento de frustración y de impotencia. Creemos que no podemos transformar nuestra manera de progresar. Esperamos mejores coyunturas para el cambio, cuando lo que se precisan simplemente son nuevas rutinas.
Seguimos sin aprender de la capacidad de las plantas para aprovechar las oportunidades de crecimiento sostenible que están a nuestro alcance.

sábado, 7 de enero de 2017

169. PLANTAS INTELIGENTES


Probablemente, los Reyes Magos regalaron ayer a muchos conciudadanos televisores, móviles y relojes inteligentes. Atribuir la propiedad de la inteligencia a los objetos habría sido impensable hace unos años, pero actualmente aceptamos esto con naturalidad. 
Hoy también sabemos que los animales son inteligentes, en mayor o menor grado unos que otros. En efecto, la inteligencia ya no es un rasgo distintivo de los seres humanos. Incluso se habla de “inteligencia militar” (a pesar de la contradicción que Groucho Marx veía en tal expresión).
A mí me han regalado una planta inteligente. De hecho, todas las plantas lo son, en la medida en que son capaces de resolver problemas (esos problemas de la supervivencia que nos afectan a todos: conseguir comida, agua, cobijo, pareja …) y de adaptarse al entorno. 
Pero a muchas personas les cuesta todavía asumir esta realidad que cualquier jardinero comprende con el simple trabajo cotidiano en su jardín: que no es la inteligencia lo que nos distingue a los humanos de las plantas, sino nuestra necedad.


domingo, 1 de enero de 2017

168. LO INESPERABLE

“La esperanza es que es algo que ocurre en momentos muy oscuros. 
Es como una llama en la oscuridad; No es una convicción ni una promesa” 
[John Berger]


He salido de paseo por la campiña de Jerez, huyendo del frenesí del consumismo navideño. Mientras caminaba, al ver cómo los diminutos geranios silvestres se abrían paso con fuerza entre las capas de hojarasca para encontrar la luz y florecer, pensaba en lo importante que es la esperanza para emprender un nuevo año.
La palabra esperanza viene de la raíz spe-, que significa "florecer", "crecer con fuerza". No hay, pues, idea de pasividad en el concepto de esperanza, sino que, al contrario, éste conlleva las ideas de crecimiento, de acción y, por tanto, de riesgo. La esperanza se distingue en eso de la espera. La espera es pasiva, y está ligada generalmente al deseo de bienes materiales, por lo que a menudo conduce al aburrimiento y a la desilusión.
La espera tiene que ver con lo esperado, con lo esperable, mientras que la esperanza es como un presentimiento secreto de aquello que está por venir y que no esperamos. La esperanza es lo que nos impulsa a encontrar lo inesperable, como diría Heráclito de Éfeso. Es lo que nos hace resistir frente a la adversidad. No se trata de un optimismo ingenuo, sino de la constatación lógica de que toda acción puede producir efectos inesperables. El naturalista y pensador ruso Kropotkin dijo, en su tratado del espíritu de la rebelión: “Si la desesperación a menudo lleva a los hombres a rebelarse, es siempre la esperanza la que hace las revoluciones”.