sábado, 24 de junio de 2017

203. GUERRA DE CLANES


Pasa entre las plantas como entre los humanos, que unas pocas familias lo copan prácticamente todo. En esta foto de un paseo de Jerez se observa un alineamiento de parterres abandonados donde crece espontáneamente la maleza. Si se mira con detalle, hay relativamente poca diversidad de especies, sobre todo verrucarias, verdolagas, cenizos, setarias y gramas, todas ellas representantes, a escala modesta, de dos de los principales clanes de plantas presentes en todas las zonas del planeta.
Las setarias y las gramas pertenecen a la gran familia de las Gramíneas, del clan de las Liliópsidas. Estas especies compiten por el espacio reducido de los parterres con las verrucarias, las verdolagas y los cenizos, de la gran familia de las Astéridas, del clan de las Magnoliópsidas. Es difícil saber quién lleva las de ganar en esta contienda que se repite en cada rincón del planeta desde hace milenios.
Las Gramíneas son menos evolucionadas que las Astéridas, en el sentido en que aquellas están más próximas que éstas respecto al linaje ancestral de las plantas. Las Gramíneas conforman una familia muy rancia, por decirlo así, de mucho abolengo. Entre ellas hay especies fundamentales para la civilización humana como el maíz, el arroz, el trigo y la cebada. Las Astéridas, por su parte, comprenden especies de enorme importancia económica y cultural como el girasol, la patata, el olivo y los crisantemos.
Un parterre abandonado, pese a su carácter transitorio y efímero, es mucho menos azaroso de lo que puede parecer a priori. Observar con atención sus cambios según las épocas del año y la intervención de los ciudadanos y los animales urbanos permite al paseante atento ser testigo del proceso de crecimiento y adaptación de las plantas y a la vez descubrir la historia evolutiva de éstas en relación con la historia de nuestra cultura.

sábado, 17 de junio de 2017

202. TESTIGOS MUDOS

“Sois los testigos del África inmortal, 
los testigos del mundo nuevo que será mañana” 
[Léopold Sédar Senghor] 



Esta mañana estuve admirando el diseño de las flores de mi Rotheca myricoides. Esta especie procede del Este de África. Me pregunto de cuántas cosas serán testigos mudos en esa región del mundo...


201. GIRASOLES


Las plantas se mueven buscando el sol para algo más que para obtener energía: ellas saben, de alguna manera, que el sol es necesario para producir y potenciar esplendidos colores. Y los colores no son respuestas sino llamadas; son llamadas que las plantas nos dirigen específicamente a nosotros los animales. 
Los colores son preguntas que esperan respuesta. 
Con esta idea, ayer por la mañana temprano salí a pasear por la campiña. Me detuve en el borde de un campo de girasoles para escuchar sus preguntas amarillas...

sábado, 10 de junio de 2017

200. EL JARDÍN DE MEMORIA

Detalle de mi jardín ayer por la tarde, donde conviven especies vegetales procedentes de varios continentes.

En un jardín andaluz se puede reconocer la cuenca entera del Mediterráneo, pero a escala diminuta. Por un lado, como ella, se trata de un espacio limitado, archiconocido y muy vigilado. En efecto, el jardinero sabe de memoria lo que crece en cada punto, incluso en aquellos espacios abandonados por necesidad o por pereza. Además, el jardinero está permanentemente al corriente de cuanto acontece en su jardín, con la salvedad de que no requiere para ello de un costoso sistema de satélites.
Por otro lado, el jardín andaluz, como la cuenca del Mediterráneo, se caracteriza por una enorme diversidad biocultural, acogiendo incluso numerosas especies venidas de otras partes del mundo. Las diferentes especies, autóctonas y foráneas, compiten entre sí por los recursos del territorio en desigualdad de condiciones, conviviendo en una paz frágil que depende en proporción directa de las habilidades del jardinero para gestionar tal diversidad.
El concepto de jardín de memoria implica aceptar que el ecosistema de un territorio, por muy pequeño que sea, es el resultado de un flujo incesante de vegetales, de humanos, de otros animales, cada uno de los cuales imprime en el territorio su propia huella, guardando para siempre la memoria de su paso. 

sábado, 3 de junio de 2017

199. FIN DE SEMANA VERDE EN ROMA


Al poco de llegar a Roma, paseando por la via Merulana encontré este huerto urbano plantado en el alcorque de un árbol.



En el laberinto de callejas del centro de la ciudad se encuentran numerosos rincones verdes, floridos y perfumados:



Los monumentos y la vegetación rivalizan en belleza, conformando un espacio armónico:



 Vale la pena alejarse de los circuitos turísticos y adentrarse en la espesura del Orto Botánico:



En este detalle se aprecia la forma típica de las hojas plátano oriental
A la izquierda, Firmiana simplex (esterculiácea) y flores de Petra volubilis (verbenácea).
 En el centro, detalle de la corteza de la Zelcova serrata (ulmácea).
A la derecha, detalles de flores de acanto (Acanthus mollis).

Me sorprendieron estas amapolas (Romneya coulteri):




198. ESPACIO VERDE PÚBLICO



La expresión “espacio verde público” se usa en sentido amplio para designar estructuras urbanas muy diferentes entre sí en cuanto a superficie, funcionalidad y localización en la ciudad. Aunque cada espacio verde tiene su particularidad, todos ellos, desde los balcones floridos, los jardines de barrio y las alamedas hasta los grandes parques periurbanos, constituyen un patrimonio verde de gran importancia ecológica, cultural y social.

En los presentes días de calor sofocante sus beneficios se hacen mucho más evidentes, al moderar las temperaturas, purificando el aire y aportando sombra y humedad. 




sábado, 20 de mayo de 2017

197. FLORACIÓN EFICIENTE



Las plantas saben, a su manera, y mejor que otros seres vivos considerados inteligentes, que sus recursos son limitados, además de variables según las estaciones y según los años.
Así, en función de la cantidad de luz, de espacio, de agua y de nutrientes disponibles en cada momento, las plantas escogen si les conviene crecer más alto o al contrario producir más hojas. A veces prefieren detener su desarrollo y reservar energías para el futuro. Por la misma razón, pueden decidir un año producir muchas flores pequeñas, o pocas flores grandes, o incluso no florecer en absoluto, prefiriendo posponer la reproducción y dedicar los recursos a otra cosa.
En cualquier caso, cuando una planta decide florecer excesivamente, como es el caso de mi granado esta primavera, no lo hace con ánimo de derrochar, sino como estrategia para asegurarse de que atrae a más polinizadores, aumentando las probabilidades de fecundación.
Pensaba en esto ayer por la tarde mientras recogía del suelo una montaña de flores caídas, para convencerme de que mi granado no estaba viviendo por encima de sus posibilidades, ni estaba dilapidando bienes ajenos, como hacen otros que no cabe nombrar aquí.

Restos de flores marchitas de mi granado

sábado, 13 de mayo de 2017

195. LO VERDE Y LO VERDADERO


No cabe duda de que las flores son las protagonistas del jardín andaluz en primavera, pero pienso mucho en la importancia del verdor de las hojas que quedan en segundo plano. El verde es como la verdad. Está delante de nosotros y no nos damos cuenta, camelados por los colores llamativos y el perfume de las flores.
Seguramente no por casualidad las palabras verde y verdad se parecen tanto; en ambas resuena la raíz *wer- que significa “lo que retorna”. En efecto, el verde y la verdad están inscritos en un ciclo de eterno retorno.
Hay diferentes tipos de verdad: unas se pueden verbalizar y se demuestran con argumentos filosóficos y morales o con evidencias científicas; otras sólo pueden señalarse con el dedo a quienes deseen ver.
El jardinero atento debe mirar dos veces para ver de verdad; le basta sólo una para ver la belleza. Lectores, ¿qué veis en esta foto?

sábado, 6 de mayo de 2017

194. ECOPOIESIS



Me pregunto qué cultivos y, con ellos, qué modelo de cultura, habrán previsto los ingenieros planetarios llevar a Marte, acordándome de esa cita de Chomsky que dice que, si hubiese un observador en ese planeta estéril, probablemente estaría muy asombrado de que los humanos hayamos podido sobrevivir tanto tiempo en la Tierra. 
Es urgente debatir sobre qué modelo de cultura queremos para el futuro inmediato de nuestro mundo, antes que soñar siquiera con la terraformación de otros planetas.

sábado, 29 de abril de 2017

193. CON LAS LLUVIAS DE ABRIL...





192. CIUDAD SANA


Para estar sanos no basta con cuidar su propia salud; es también fundamental vivir de manera que se respete y refuerce la salud de nuestro entorno



Los árboles y jardines de Jerez sufren por la negligencia y el abandono por parte de los responsables municipales, tanto como por la violencia infligida por ciudadanos desaprensivos. Los casos son numerosos; es suficiente un paseo por cualquier calle o parque para detectar el mal estado generalizado de las plantas en los espacios públicos, con algunas excepciones notables.
Pero hoy quisiera destacar otra forma de maltrato bastante común desgraciadamente: la pulverización con plaguicidas y herbicidas (evito conscientemente el uso del eufemismo “productos fitosanitarios”), como en este caso que muestra la foto, en la plaza Vendimia, pese a que la Directiva del Parlamento Europeo y del Consejo de la Unión Europea de 21 de octubre de 2009 avisa claramente que “la pulverización aérea de plaguicidas puede causar efectos negativos significativos en la salud humana y el medio ambiente, sobre todo por la deriva de la pulverización”.
Para estar sanos no basta con cuidar su propia salud; es también fundamental vivir de manera que se respete y refuerce la salud de los demás, la de nuestra campiña y la de nuestros jardines incluidas.

sábado, 22 de abril de 2017

191. TRAS EL VENDAVAL

Después de dos jornadas de vendaval, la muerte y la corrupción se han extendido por todas partes en el jardín. He visto frutos caídos antes de madurar y tallos rotos que hasta ayer estaban llenos de savia fresca. He visto flores marchitas recién abiertas y ramas jóvenes violentamente despojadas de sus yemas...
Esta vez me he negado a buscar signos en el jardín que apunten a la esperanza de recuperar el verdor robado. Lo que no me ha impedido ponerme inmediatamente manos a la obra para reparar los daños, más por tenacidad que por optimismo.
Los jardineros nunca nos consideramos vencidos. El coraje es a la vez virtud y gaje de este oficio.

Fuente: el Jardinero Tranquilo en La Voz de Sur

sábado, 15 de abril de 2017

190. FLORES SEDUCTORAS


Las flores son los órganos reproductores de las plantas. Eso lo hemos oído decir miles de veces. Pero lo que no suelen contarnos es que sus diseños no sirven para atraer a plantas del sexo opuesto, como cabría esperar, sino para seducirnos a nosotros y a otros animales. Dado que sus raíces las mantienen ancladas en el suelo, las plantas no pueden desplazarse para propiciar la ocasión del encuentro sexual con otras plantas. Establecerse en tierra firme fue un gran paso evolutivo para las plantas, que trajo consigo este nuevo reto: ¿cómo asegurar la reproducción sexual en tales condiciones de inmovilidad forzosa, evitando, por otra parte, la opción más fácil, la autofecundación, por sus indeseables consecuencias?
Así, mientras algunas especies de plantas, como el ciprés y el olivo, confiaron la dispersión de su esperma (polen) en la mecánica azarosa del viento, otras prefirieron ingeniárselas para servirse de los seres vivos dotados de movilidad a modo de "mamporreros”. Por ellos (por nosotros) las plantas aumentaron el tamaño de los pétalos de sus flores, los colorearon, los enriquecieron de néctar y los perfumaron. Es el caso de plantas como este cantueso (lavándula stoechas) fotografiado ayer en un pinar en las afueras de Jerez. Esta planta tiñe sus pétalos con colores de la gama del azul para seducir particularmente a las abejas.
Dado que todo intermediario exige su salario, el cantueso tiene que asumir una parte de pérdida, ofreciendo mucho néctar e incluso parte del polen para el consumo de la abeja, con tal de asegurarse de que ésta lo ayudará a reproducirse conduciendo su esperma hasta la vulva (estigma) de la flor de otro cantueso en el vecindario.

sábado, 8 de abril de 2017

189. LA CIUDAD COMO ECOSISTEMA



Urbanizar es ocupar un espacio natural, es decir, es humanizar un territorio. Tal proceso de humanización debe pasar por la toma de conciencia de que cada intervención urbanística es un acto moral donde debe prevalecer el diálogo con los distintos sectores sociales, culturales y económicos implicados. Y sin olvidar que, en cada metro cuadrado que aumenta la superficie de la ciudad, se debe privilegiar la calidad frente a la cantidad de las intervenciones, sin subordinar al campo.
Los ciudadanos tenemos derecho a la ciudad (Henri Lefebvre 1968: Le Droit à la ville, Paris: Anthropos). Este derecho exige la puesta en marcha de un programa de investigación y acción política que permita a los ciudadanos recuperar la ciudad, restituyéndoles el derecho a participar de la vida urbana, como punto de partida de una renovación democrática de la sociedad.
No se trata de una simple postura humanista o culturalista opuesta a la lógica de la rentabilidad de la ciudad, sino de una defensa ilusionada de un plan de fortalecimiento de la sociedad civil, promoviendo acciones que faciliten el desarrollo sostenible del centro urbano, que aseguren la calidad de vida en los barrios periféricos y que establezcan espacios de creatividad, de encuentros espontáneos y de intercambios. Se trata en definitiva de renovar las prácticas urbanísticas para hacer de la ciudad un territorio tan natural como civilizado, como un ecosistema que pueda integrar lo humano, lo animal, lo vegetal, lo material y lo inmaterial en un todo interdependiente.

sábado, 1 de abril de 2017

182. CÍTRICOS EN AL-ANDALUS



Los pétalos de azahar de los naranjos amargos (Citrus aurantium) cubren cada primavera las calles andaluzas desde hace al menos 900 años. Además del naranjo amargo, en la Andalucía musulmana del siglo XII crecían cinco variedades de cidros (Citrus medica) y tres variedades de limonero (Citrus limonum), según cuenta el agrónomo andalusí Ibn al’Awwam en su Libro del Agricultor.
Este sabio sevillano citaba también otro cítrico llamado zamboa que aún no ha podido ser identificado con exactitud. La etnóloga Françoise Aubaile-Sallenave, del museo de Historia Natural de París, ha dedicado un estudio, publicado en Granada por el CSIC-ICMA, a ese misterioso pariente del naranjo amargo que crecía en Al-Ándalus. Tras plantearse la posibilidad de que pudiese tratarse de la primera referencia en Occidente del naranjo dulce o tal vez del pomelo, la investigadora concluye que lo más probable es que la zamboa no fuese, después de todo, sino un híbrido del cidro.
En cualquier caso, las palabras no engañan, sino que somos nosotros quienes solemos equivocarnos al darles un referente. La zamboa sin duda existió y era distinta del cidro, del limonero y del naranjo amargo, tal como Ibn al’Awwam aseguraba en su libro, seguramente con la misma sinceridad con la que Paul Éluard, mucho tiempo después de aquel, afirmaba en sus versos que la tierra es azul como una naranja. 

Fuente: El Jardinero Tranquilo en La Voz del Sur

sábado, 25 de marzo de 2017

181. LA DECLARACIÓN DEL AGUA


Firma de la declaración “el agua debe ser un bien público”: 
Teniendo en cuenta que el acceso al agua necesaria para la vida es un derecho humano fundamental, 
y teniendo en cuenta que el agua es un patrimonio común de la humanidad, el Ayuntamiento de [--PON AQUÍ EL NOMBRE DE TU CIUDAD] reconoce el agua como bien público universal, 
y se compromete a que en el territorio del municipio la gestión de los recursos hídricos permanezca siempre en manos públicas; 
se compromete a que todas las decisiones importantes en esta área se tomen de manera democrática; se compromete a garantizar que todas las decisiones legales sobre todas las instalaciones de la red se tomen con la participación de los ciudadanos; 
se compromete a informar regularmente a sus consumidores sobre las mejores formas de proteger todo el ciclo del agua para asegurar un ambiente seguro, sano y sostenible; 
y el Ayuntamiento se compromete, en fin, a participar en acciones de solidaridad internacional en favor de las comunidades locales en aquellas regiones y países que no tienen acceso al agua potable, en colaboración con otras ciudades europeas, en el marco de los programas de Cooperación de la Unión Europea con Terceros Países actualmente en vigor.
Muchas ciudades del mundo occidental ya han firmado declaraciones semejantes a esta que hoy propongo para nuestro Ayuntamiento, inspirándome en el texto que fue firmado en la ciudad de Lausana (Suiza) el 25 de octubre de 2007. 
No por casualidad “agua” es, después de “mamá” y “papá”, una de las primeras palabras que aprenden a articular los bebés. Así, tan elemental, es el agua.

Fuente: El Jardinero Tranquilo en La Voz del Sur

sábado, 18 de marzo de 2017

180. VIDAS, CULTIVOS Y CULTURAS


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La palabra cultura procede del verbo latino colere, que significa custodiar y preparar la tierra para la siembra de plantas y para la cría de animales. Dado que tales labores se transmitían de generación en generación, el término cultura se impregnó de la idea de educación hasta el punto de que, en el siglo XIX, pasó a designar el conjunto de las manifestaciones transmisibles del saber de un pueblo.
Paralelamente a la evolución del significado de la palabra cultura, otro derivado del mismo verbo latino, el término cultivo, la sustituyó en el ámbito de la agricultura. Muchos ya no recuerdan este origen común de cultura y de cultivo, y es por esa razón, tal vez, que ha sido preciso crear el término de “biocultura”. 
La biocultura es una palabra nueva pero el concepto que designa es tan antiguo como nuestra civilización, y apunta a que la vida y la cultura están ligadas. Dicho de otro modo, la diversidad de los cultivos, la diversidad de las culturas y la diversidad de la vida caminan de la mano.
Los seres humanos nos hemos adaptado a la vida en los distintos ecosistemas de la Tierra, desarrollando tecnologías y modificando nuestras costumbres para la mejor explotación de los recursos que garantizan nuestra supervivencia. Pero al hacer esto, también hemos adquirido conocimientos profundos sobre la naturaleza y sobre nuestra relación con las demás especies. Defender la biocultura no es una cuestión ideológica; es un acto de responsabilidad. Es tomar consciencia de la conexión que existe entre lo humano, lo animal y lo vegetal.

domingo, 12 de marzo de 2017

179. BIOCULTURA




"Planté tu recuerdo en un rincón de mi jardín, como si fuese un árbol; 
cada vez que paso por allí hay frutos" [Muhammad ibn 'Abbad al-Mu'tamid]





La ecología no es solo una cuestión medioambiental sino también, sobre todo, cultural. En realidad, se trata de sobrepasar la oposición maniquea entre Naturaleza y Cultura, tomando consciencia de la inscripción integral del individuo en su medio y promoviendo toda forma de complicidad entre personas y también entre especies.









En la Feria Internacional de Productos Ecológicos y Consumo Responsable, Sevilla (FIBES)

@BIOCULTURA

Con Pedro Burruezo, la Nur Camerata y la Compañia Un Sol Traç, tras el espectáculo ITIMAD

sábado, 11 de marzo de 2017

178. AFRONTANDO DESAFÍOS

77-28-01| 69-13-59


Si el genio está en saber aprovechar las oportunidades que se presentan, y el éxito en una combinación de suerte y de preparación, entonces podemos afirmar que esta pequeña planta que encontré floreciendo en una hendidura de una ventana en el Campus Universitario de la Asunción es un exitoso genio.
Para muchos es difícil aceptar a quienes piensan de un modo diferente y más difícil aún considerar inteligentes a criaturas que no son humanas. Nuestros prejuicios y nuestra ignorancia nos impiden comprender que, a pesar de las apariencias, las plantas no son tan extrañas como pensamos.
Compartimos con ellas la misma estructura celular y el mismo entorno, pero sobre todo nos une el mismo espíritu de supervivencia y la misma incapacidad para dejarnos vencer por los desafíos.

sábado, 4 de marzo de 2017

177. UN BOSQUE CRECIENDO



Un vendaval repentino arrancó de cuajo varios árboles jóvenes, ayer por la tarde. Mientras observaba a uno de ellos que estaba tumbado sobre la acera, con las raíces al aire, imaginé de cuántas formas se podría contar este acontecimiento. El esfuerzo valía la pena porque me permitía reflexionar sobre la relación que existe entre un hecho y la información que lo cuenta.
Sabemos que el relato de un acontecimiento puede influir en nuestra percepción del mismo, pero pocas veces somos conscientes de la primacía que acordamos al relato por encima del acontecimiento narrado.
Generalmente, en nuestra sociedad, las palabras importan mucho más que los hechos, hasta el punto de que, si no hay palabras (si no hay ruido), no hay acontecimiento.
Dice un viejo proverbio que un árbol caído hace más ruido que un bosque creciendo.

sábado, 25 de febrero de 2017

176. ROJO BLANCO




Después de la tormenta de esta semana, los árboles, las personas, las aceras, los coches, toda la ciudad ha aparecido cubierta de polvo rojizo.
Se trata de polvo procedente del desierto del Sáhara, que sobrevuela y cae cada año en forma de lluvia, o a veces adherido a copos de nieve, en el sur y centro de Europa, aportando minerales y nutrimentos a nuestros campos, bosques y jardines, en cantidades que varían entre una y doce toneladas por kilómetro cuadrado, según calculan algunos estudios.
Este fenómeno no es nuevo. Lluvias de polvo como las de estos días se conocen en Europa desde la Antigüedad, y fueron mencionadas por Homero (Ilíada, cantos 11 y 16) y Virgilio (Eneida, Libro 4).
El color de este “sanguinoso rocío” se debe principalmente a compuestos de hierro hidratado derivados de la erosión de minerales ferro-magnesianos. Parece ser que la frecuencia de estas nubes de polvo aumenta en los años en los que el Sáhara está más seco.
Y así, a cambio de este fertilizante gratis depositado en las tierras de Europa, las dunas del Sáhara se quedan libres de polvo.
Mientras el Sáhara se emblanquece, Europa se enrojece.

sábado, 18 de febrero de 2017

175. EN EL ESPEJO DE UN CHARCO





Los charcos urbanos son indicadores socio-económicos. Su número, tamaño y duración son inversamente proporcionales a la renta media del lugar. Por eso, difícilmente los veremos en los barrios más ricos; mientras que abundan, son grandes y persistentes, durante los meses de lluvia, en los barrios rurales y en los distritos más humildes de cada ciudad. 
Los charcos generan micro-ecosistemas efímeros llenos de vida, pero también son foco de insalubridad. Y guardan tenazmente la memoria de injusticias sociales y de viejas prácticas urbanísticas. En el espejo de los charcos se reflejan las carencias, los sueños frustrados y los deseos reprimidos de los lugareños.
Recuerdo que en el barrio donde me crié se formaban grandes charcos y lodazales que tardaban mucho tiempo en desaparecer. Entonces los niños jugábamos a pisotearlos y a clavar objetos punzantes en los bordes fangosos, por mero placer, sin pensar que en aquellos gestos infantiles pudiera haber algo de inconformismo o, tal vez, de subversión. 
Actualmente hay mucho menos charcos en mi ciudad que en aquellos tiempos, es cierto, pero todavía los hay y su función sigue siendo exactamente la misma. 
Vale la pena pararse junto a un charco y sentarse a observar. La realidad se ofrecerá libremente a ti para que la desenmascares, sin opción, como diría Kafka.

Fuente: El Jardinero Tranquilo en La Voz del Sur

sábado, 11 de febrero de 2017

174. DESCAMPADOS EVOLUCIONADOS


Descampado "original"

Descampado "evolucionado"

La mayor parte de los descampados que abundaban en nuestra ciudad se ha ido transformando con el paso del tiempo. Muchos han sido ocupados por edificaciones de distinto tipo, sobre todo casas adosadas y supermercados en las dos últimas décadas.
Otros dieron paso a parques urbanos, diseñados con ese estilo fundamentado en teorías de desarrollo sostenible y de ecología urbana, caracterizados por una simplicidad que permite a la vez acoger micro-ecosistemas naturales y asegurar el control de los mismos con poco esfuerzo y dinero.
Tales parques pueden considerarse, en cierto modo, “descampados evolucionados”, en el sentido en que son descampados tal como los define hoy la RAE, es decir, “terrenos descubiertos, libres y limpios de tropiezos, malezas y espesuras”, a los que se les ha añadido accesos, senderos y un poco de mobiliario urbano. Nada que ver con los antiguos y costosos jardines floridos.
Pero aún quedan en nuestra ciudad descampados “originales”, apenas transitables, cubiertos de desechos de la sociedad de consumo, de escombros y, por encima de todo, de malezas.
Ayer por la tarde quise adentrarme en uno de éstos. Mi primera impresión fue de admiración por la pujanza de la vida espontánea.
Pero a medida que avanzaba en el descampado, mis sentimientos se volvieron confusos. Por un lado, sentía las delicias que procura el caminar en soledad a través de una terra incognita. Por otro lado, experimentaba la turbación de ser el objeto de las miradas de la gente asomada en los balcones de los bloques vecinos y de los transeúntes, desconcertados por comportamientos infantiles que ya habían olvidado.

sábado, 4 de febrero de 2017

173. ALMENDROS Y ALMENDRAS




Lectores y lectoras, mientras paseaba ayer por Zahara de la Sierra admirando los almendros que florecen en esta época del año al pie del castillo árabe, escuchaba a un amigo lamentarse por la costumbre actual de decir presidenta, clienta o parienta, en contra de la norma gramatical aprendida.
Él considera estos usos, que hoy se encuentran en el diccionario, como capitulaciones de la RAE, motivadas por la presión de poderes mediáticos y por la ignorancia de los hablantes. Él teme que, tras estos cambios, pueda llegar un día en que tengamos que decir “adolescenta”, “inteligenta” o incluso “suficienta”. 
A modo de respuesta, le expliqué a este amigo que ese almendro bajo el que nos encontrábamos, no era un árbol tiempo atrás, sino “una” árbol. Pues en latín arbor era un sustantivo femenino, como eran femeninos la mayoría de los nombres de los árboles y arbustos: el olmo era una olmo; el fresno, una fresno y el pino, una pino.
Hoy ya no nos choca que los nombres de los árboles sean masculinos, a pesar de tratarse de seres vivos capaces de engendrar frutos. Pero seguro que muchos lamentaron tal cambio de género en el pasado, como hoy hace mi amigo.
La lengua no describe la realidad, sino que la interpreta. 

sábado, 28 de enero de 2017

172. CERO COMA TRES




Los científicos llaman “biomasa” a la cantidad total de materia viva presente en una comunidad o ecosistema. En nuestro planeta, los animales (incluidos los humanos) constituimos solo el 0,3% de la biomasa total. El 99,7% restante son plantas. Estos datos, que leí recientemente en un librito muy interesante sobre la inteligencia de las plantas (Mancuso & Viola: Brilliant Green, Island Press 2015), hablan de la pequeñez humana.
Esta pequeñez nos vuelve obstinados, de manera que no vemos fácilmente lo que no queremos ver: que la Tierra, aunque aparezca azul vista desde el espacio, es, en realidad, un planeta verde. Los expertos auguran que el siglo XXI será el siglo de la Biología, sobre todo en los ámbitos de la genética y de la biotecnología. ¿Pero seremos capaces de hacer frente a los desafíos éticos que plantean los avances en estas disciplinas?
Ojalá los biólogos del siglo XXI puedan conseguir hacernos comprender (y asumir) nuestra ínfima posición en la biomasa del planeta. 
Ojalá que puedan ayudarnos a convertirnos en humanos antes de que la ciencia nos convierta en dioses. 
Pero no puedo evitar un cierto optimismo respecto al futuro del pesimismo.

sábado, 21 de enero de 2017

171. AL MENOS, PODEMOS




Una planta no es un individuo, sino sistema. En tanto que sistema, ninguno de sus órganos es vital hasta el punto de ser imprescindible. Por eso podemos podar un árbol, como este jacaranda de la plaza de la Yerba, sin que muera.
Al no tener pies ni patas para escapar de sus potenciales enemigos, las plantas resisten a las agresiones de éstos regenerando la parte destruida o comida. Incluso han desarrollado la capacidad para reconstruirse a partir de uno de sus fragmentos.
En jardinería, llamamos “esquejes” a estos fragmentos capaces de regenerar una planta entera. Un esqueje no es propiamente el hijo de una planta, aunque lo consideremos comúnmente así, sino que, en realidad, es una fracción del sistema que reconocemos como una planta.
Debido a esta capacidad para regenerarse y para reproducirse creando copias de sí mismas, se podría decir que las plantas han sabido escapar a la dialéctica entre la vida y la muerte a la que estamos sometidos (por el momento) los seres humanos y los animales.
Eso sí, sacrificando la individualidad en beneficio de una identidad plural, como sistema. Por suerte, las plantas no enloquecen por ello —que sepamos, al contrario de lo que le sucedió a Narciso cuando tomó consciencia de que no era único—...