sábado, 4 de junio de 2016

155. PLAGUICIDAS


Siempre que puedo, prefiero obtener mis plantas ornamentales y de huerto a partir de semillas en vez de ir a comprarlas a centros de jardinería donde el uso de plaguicidas, por desgracia, sigue siendo práctica común. 
Aunque el proceso de plantación por semillas es mucho más lento, conviene sobre todo cuando se trata de plantas que atraen a las abejas melíferas, como en el caso de la lavanda, el romero y las violetas por ejemplo.
Un estudio publicado esta semana en la revista Nature Communications alerta de la presencia en el polen de abejas de hasta nueve agentes químicos provenientes de una treintena de tipos de fungicidas, herbicidas e insecticidas. Los datos analizados revelan dos conclusiones inesperadas:
En primer lugar, que las abejas melíferas prefieren curiosamente, como fuente de polen, las plantas de los jardines y parques urbanos antes que las de los campos de cultivo del entorno, aun cuando ello las obligue a desplazarse más lejos para obtenerlo.
En segundo lugar, el estudio concluye que los niveles más altos de contaminación en el polen proceden de herbicidas e insecticidas usados en los jardines y parques urbanos para combatir las malas hierbas y las plagas de insectos.
Los datos apuntan no sólo a los riesgos sanitarios del polen destinado a consumo humano, sino también a posibles causas del grave descenso de la población mundial de abejas
La responsabilidad en la protección de estos insectos polinizadores recae, por lo tanto, no sólo en los agricultores y distribuidores de plantas ornamentales y de huerto, sino también en los jardineros, ya sean éstos profesionales o aficionados, y en los Ayuntamientos.

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