sábado, 26 de marzo de 2016

146. DEMASIADO RUIDO



Cuando el medio se nubla con el ruido de discursos huecos y engañosos, conviene recordar que comunicar es mucho más que informar y que hay canales silenciosos, como el táctil y el olfativo, más honestos y placenteros que las palabras.

Olvidamos a menudo que la comunicación es ante todo multicanal, y que el lenguaje verbal es sólo uno de los canales posibles, prioritario en nuestra relación con las máquinas, pero secundario entre seres vivos. Es fácil comprender esto si apagamos el ordenador o el móvil, aunque sea por un momento, y nos sumergimos en un jardín.

Pues en la comunicación silenciosa, las maestras son las plantas. Según la cultura científica dominante, las plantas no tienen inteligencia ni sentidos. En la escuela nos enseñan que los distintos comportamientos de las plantas son respuestas mecánicas y químicas a la acción del entorno. Contado de esta manera, parece como si las plantas pudiesen responder pero no pedir o preguntar; como si sólo pudiesen reaccionar, sin jamás actuar. Cualquier jardinero sabe, no obstante, que la realidad no siempre se ajusta exactamente a los modelos de los científicos.

Las plantas comunican con los seres sensoriales a través de los canales visual, olfativo y táctil: Los colores, el perfume, la textura de los pétalos y de las hojas de las plantas no son respuestas sino llamadas o advertencias con las que atraen o repelen a los seres dotados de órganos sensoriales, de inteligencia y de emociones.


La relación con las plantas es simple y, por eso, relajante. Nos permite experimentar formas de comunicación minusvaloradas, y aprender muchas cosas sobre qué somos...

sábado, 19 de marzo de 2016

145. LA FUERZA NO VIOLENTA

Desde los orígenes, los humanos hemos establecido una relación especial con las plantas, a la vez de dependencia, curiosidad y empatía. En cada civilización, en cada cultura, esta relación presenta rasgos particulares que se manifiestan en las distintas estrategias a la hora de cultivar los campos o de diseñar los jardines. Ni siquiera el actual desarrollo tecnológico impide que sigamos manteniendo un vínculo privilegiado con todo lo vivo, y en especial con aquellas especies domesticadas.

Las plantas nos aportan el oxígeno que necesitamos para respirar, nos sirven de alimento y nos proporcionan remedios para las enfermedades. El contacto con ellas alivia el estrés cotidiano de la vida urbana. Pero además las plantas nos enseñan muchas cosas.

La eficacia con que las asteráceas, como éstas de la foto, consiguen romper con sus delicadas yemas los suelos alquitranados de nuestras carreteras, o reproducirse en las grietas de las aceras, nos enseña el extraordinario poder de la fuerza no violenta.


Allí donde un sistema se rompe, siempre hay una oportunidad para la regeneración y para la vida.

sábado, 12 de marzo de 2016

144. TODA LA MEMORIA EN UNA YEMA



L'espoir est une mémoire qui désire.
[Honoré de Balzac]


Bignonia rebrotando de una de sus yemas
En estas latitudes, los rosales ya han empezado a rebrotar, anticipando la próxima llegada de la primavera. Los nuevos brotes, como la risa, son contagiosos, y enseguida me he dado cuenta de que también está reverdeciendo la bignonia.

En cada yema, la planta concentra su fuerza para desplegar un nuevo estadio de su vida. De hecho, cada una de las células embrionarias de la yema puede reconstruir la planta en su totalidad. Es decir, en realidad la planta entera está en una sola de sus yemas.


El más tímido brote manifiesta, y a la vez simboliza, el pulso victorioso de la resistencia frente a la adversidad. Como dijo William Blake: es la prueba de que no hay muerte real. Una yema es una esperanza y una esperanza es una memoria que desea....