sábado, 20 de febrero de 2016

143. ORGANISMOS EMERGENTES



Los organismos emergentes han cobrado una importancia inusitada en la actualidad. Se trata generalmente de organismos ya conocidos, pero cuyo número o repartición geográfica ha aumentado de manera extraordinaria, con las consiguientes incidencias sobre el estado del sistema, ya sea éste un jardín o un territorio mucho mayor (digamos España, o incluso Europa).

Hay muchos tipos de organismos emergentes, según los ámbitos considerados. En el ámbito del huerto, uno de los que más preocupan actualmente es la palomita del tomate (tuta absoluta). Este lepidóptero originario de Sudamérica se detectó por primera vez en cultivos de tomate en la Comunidad Valenciana en junio de 2007. Posteriormente se ha extendido por Cataluña, Murcia y Baleares y hoy afecta prácticamente a toda España.

Las nuevas prácticas culturales y la intensificación de los desplazamientos (de personas y de productos) a nivel mundial son algunos de los factores que originan el fenómeno de los organismos emergentes. Pero el problema no está tanto en las causas como en las consecuencias. Pues la aparición de organismos emergentes provoca una gran reactividad en los organismos ya presentes, con la puesta en marcha de medidas de control y de vigilancia a veces desproporcionadas.

Muchos jardineros se afanan en mantener sus huertos en un estado de conservación tal que no permita el establecimiento de los organismos emergentes. Otros se dedican a la vigilancia y control del territorio, eliminando por medios mecánicos a los intrusos para evitar su propagación. Otros, en fin, aplican medidas agresivas, con el uso de diversos herbicidas o insecticidas.


Ante los organismos emergentes, el jardinero debe sopesar tranquilamente sus reacciones para asegurarse de que el remedio no sea peor que la enfermedad.

Fuente: el jardinero tranquilo en la Voz del Sur


domingo, 14 de febrero de 2016

142. EL ÁRBOL AUSENTE



Ayer por la mañana, mientras caminaba hacia mi centro de trabajo, he ido contando los alcorques vacíos. Al llegar a cien he parado de contar.  ¿Cuántos cientos o miles de árboles ausentes habrá en nuestra ciudad? ¿Fueron arrancados, murieron, o nunca se llegaron a plantar? ¿Quién decide cuántos árboles debe haber por calle, según qué calles? ¿Qué especies se plantan y cuáles se mueren o acaban siendo taladas?
¿Y por qué al pasar junto al alcorque vacío he sentido la ausencia del árbol? Los filósofos constatan que la ausencia se define desde el punto de vista de quien se da cuenta. La ausencia absoluta de hecho no existe, porque de lo contrario sería la nada. Lo que está ausente para mí no lo está para otro. Así, este alcorque vacío de la foto me ha implicado a mí, en un sitio preciso, en un momento concreto, revelándome la fuerza de un lazo invisible entre lo ausente y lo presente. Me ha hecho comprender que en los instintos, los deseos, la  cultura y el pensamiento de los seres humanos,  la presencia del árbol es fundamental. Me ha hecho saber que un árbol en una calle es mucho más que un árbol y da mucho más que sombra.

Nos enseñaron el árbol del saber en lugar del saber del árbol. Nos hicieron creer en el árbol de la vida y olvidamos cuánto importa la vida del árbol. 

sábado, 6 de febrero de 2016

141. EL CADÁVER DEL ABEJORRO



Abejorro, ¿cuántos destinos representa esta imagen de tu muerte? ¿Cuántos otros y otras que, como tú, han recorrido los campos con la esperanza de alcanzar el jardín soñado, al final deberán fallecer o perderse sin probar la miel? Tu cadáver en el suelo de mi jardín, esta mañana, no me ha dejado indiferente. He sentido compasión, primero, por ti, y después por esas flores de mi jardín que ya no polinizarás. Me he reconocido en ti, forastero, pues tu suerte es mi suerte.