lunes, 12 de octubre de 2015

132. PLANTAS HOSPEDERAS


Mi vecino, el Sr. G, vino a mi jardín este domingo a comprobar si mis granadas ya están maduras, con la intención de coger un par de ellas para él y para su nieta. De camino hacia el granado hemos pasado junto al macetón donde cultivo teresitas (Catharantus roseus), y nos hemos parado a admirar sus flores. Las teresitas se usan como “plantas hospederas”, expliqué al Sr. G. 
Las llaman así porque los científicos las usan para alojar en ellas unos microbios llamados fitoplasmas, para su multiplicación y estudio.
Estos microbios pertenecen a una clase muy especial de microorganismos que no son ni totalmente bacterias ni tampoco virus, pero que comparten con ambos grupos algunas características y diferencias. 
Los fitoplasmas son amorfos, mucho más pequeños (aún) que las bacterias y, al contrario que éstas, no poseen pared celular. Viven y se reproducen en el interior de las células, como los virus. Utilizan como vectores de transmisión insectos chupadores de savia, como las chicharritas (cicadélidos) y los pulgones (áfidos). Afectan a plantas, ornamentales y también cereales, hortalizas y frutales. Una vez infectadas, las plantas amarillean, se quedan raquíticas o enanas, con flores semejantes a hojas.
Muchas de las especies de fitoplasmas no se pueden cultivar en medios artificiales, de ahí que se usen plantas hospederas, sobre todo teresitas.  “Es así como estas plantas se convierten en  hospederas a la fuerza”, concluí. Cuando se habla de experimentación con seres vivos, pensamos en moscas, ratones blancos y macacos, ignorando que muchas plantas también son sacrificadas en beneficio del saber.
El Sr. G me miró un poco sonriente, no entendí porqué, y luego me dijo: “Así es, en efecto, la curiosidad científica, que pasa de imperativos morales o éticos. Imagínate los obstáculos que tuvieron que superar los primeros estudiosos de la anatomía humana, por ejemplo”.

“Estoy de acuerdo contigo”, respondí, mientras cogía del granado un par de frutos maduros, “pero creo que los científicos deberían reflexionar más acerca de sus métodos”. Por desgracia, la mayoría de las veces, el método más eficaz es también el más agresivo”.


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