jueves, 28 de mayo de 2015

125. FECUNDIDAD, INGENIOSIDAD



"El objetivo de la vida es vivir, y vivir significa ser conscientes, 
ya sea borrachos o serenos, gozosamente, divinamente conscientes" [Arthur Miller]


Esta primavera el granado se ha llenado excepcionalmente de flores, mientras que el naranjo apenas ha florecido. Estos comportamientos imprevisibles de los árboles frutales, y de las plantas en general, no deberían chocar ni preocupar al jardinero.

Las plantas gestionan eficientemente sus recursos, que son variables según las estaciones y según los años. En función de la cantidad de carbono y de otros nutrimentos en cada momento, las plantas pueden escoger por ejemplo desarrollar más los tallos y ramas o bien producir más hojas. A veces prefieren detener su crecimiento y reservar energías para el futuro. Por la misma razón, pueden decidir un año producir muchas flores pequeñas, o pocas flores grandes, o incluso no florecer en absoluto, prefiriendo posponer la reproducción y dedicar los recursos a otra cosa.

En cualquier caso, cuando un árbol frutal decide florecer, suele producir más flores que frutos, porque de esta manera se asegura de atraer a más polinizadores, aumentando las probabilidades de fecundación. Así que no es raro ni debemos preocuparnos si vemos que el  pie de nuestros árboles frutales se cubre de flores excedentarias muertas. 


Cuando he explicado esto al Sr. G el domingo pasado, mientras recogíamos del suelo las flores caídas del granado, él ha saltado declamando unos versos de Paul Valéry: “¡Cuántos pretextos, cuántas excusas –fecundidad, ingeniosidad-, para continuar viviendo!”


domingo, 17 de mayo de 2015

124. ¿Y?

Take care of the sense 
and the sounds will take care of themselves
(Lewis Carroll)


Desde hace varios días, una nube de plusias (autographa gamma) revolotea cada atardecer el jazmín trachelospermum, seguramente atraídas por el néctar de las flores. Después de “repostar”, curiosean por todo el jardín y por toda la zona alrededor, en busca de un lugar donde depositar sus huevos. He prevenido a mi mujer, que cultiva hortalizas en la azotea, para que esté atenta durante los próximos días ante la posible aparición de larvas de estas mariposas.

Esta mañana, cuando ha venido el Sr. G acompañado de su nieta, he capturado un ejemplar para enseñarles la peculiaridad de la letra gamma claramente reconocible en las alas de estos insectos. La niña se ha acercado con mucha curiosidad. He señalado el parecido del dibujo con la letra Y griega, y entonces la niña se ha puesto muy colorada, se ha escondido tras el Sr. G y ambos se han marchado bruscamente, dejándome con la mariposa en la mano y con un gran interrogante en la cabeza.



domingo, 10 de mayo de 2015

123. LA NECROMASA DEL JARDÍN

En estos días calurosos de primavera, con el rocío matutino y con la humedad que se condensa al caer la tarde, el jardín se puebla de caracoles, babosas y cochinillas de la humedad. Estos moluscos y crustáceos terrestres colaboran con el jardinero en la tarea de reciclaje de la necromasa del jardín, alimentándose de las hojas y flores muertas, de los frutos caídos y en general de cualquier materia orgánica en diverso grado de descomposición. Al hacer esto no sólo limpian el jardín de un modo eficiente, sino que además permiten un retorno más rápido de los nutrientes al suelo.
Los caracoles y babosas se comen también las hojas tiernas y los tejidos vivos de las plantas que encuentran a su paso durante su búsqueda de la materia en descomposición. Pero son más exigentes de lo que solemos creer, pues hay una grandísima variedad de plantas, sobre todo ornamentales, que no les gustan.

La población de caracoles, babosas y cochinillas normalmente está controlada por sus depredadores naturales. Cuando considero que hay demasiados, suelo retirarlos manualmente y llevarlos a un descampado cercano. Otra de mis soluciones es reducir los espacios de sombra y favorecer la aireación del jardín, recortando los excesos de follaje, teniendo en cuenta que estas criaturas detestan la luz del sol y los ambientes secos..




domingo, 3 de mayo de 2015

122. APOMIXIS


Esta mañana salí a recortar un poco el limonero y también el césped que bordea el camino de entrada. Al poco tiempo llegó el Sr. G y nos quedamos un buen rato al pie del arco de entrada, oliendo los jazmines y admirando el rosal trepador que está ahora cuajado de ramilletes de flores. Luego nos sentamos a la sombra, en la terraza. Parecía un día de verano.
De pronto, un detalle en la reja de la ventana atrajo la atención del Sr. G. Se trataba de una tela de araña, en cuyo centro había quedado atrapada alguna cosa que brillaba de un modo especial con la luz del sol. Nos acercamos a ver, muy extrañados, y pudimos comprobar que el objeto luminoso no era sino la semilla voladora de un diente de león, o de una especie semejante.
Expliqué al Sr. G que de las semillas de los dientes de león germinan plantas que son genéticamente idénticas a sus madres. Hijas y madres son en estos casos tan idénticas entre sí como cuando multiplicamos una planta mediante división de mata o mediante esquejes
Los dientes de león producen sus semillas sin mediar polinización ni fecundación, gracias a un mecanismo de clonación que los botánicos llaman “apomixis”. De esta manera los dientes de león escapan a los beneficios pero también a las servidumbres de la sexualidad, a cambio de la repetición infinita de un mismo individuo perfectamente adaptado al entorno.

El Sr. G se quedó observando pensativo, y al final saltó: “De esta semilla nacerá entonces una planta en cierto modo muerta, una criatura acabada desde el inicio, a la vez sin pasado y sin futuro, solo firmemente presente”.