domingo, 5 de abril de 2015

118. VERDE Y ROBUSTO, Y ORGULLOSO Y PRÓSPERO

yema de fatsia
He pasado la mañana recolocando en la terraza los muebles que habían permanecido apilados y guardados durante el invierno. Cuando el Sr. G llegó, yo estaba concentrado en la tarea de dar una capa de aceite a las sillas y la mesa de madera. Él esperó pacientemente a que acabase mi trabajo. Pero al cabo de un rato empecé a sentirme incómodo. Su manera de observar los movimientos de mis manos me hacía tomar consciencia de estos gestos que normalmente realizo mecánicamente. Y sin automatismo, mis manos ya no resultaban eficaces.
Decidí entonces aplazar el trabajo para otro momento y me senté junto al Sr. G para intercambiar con él las novedades de la semana. Le conté que las plantas de pimiento, que podé al terminar el otoño, ya habían vuelto a rebrotar. Y que he plantado semillas de albahaca y de yerbabuena en un cajón. Y que el rosal trepador y el jazmín que crecen a la entrada de la casa ya estaban preparando sus flores.

Luego llevé al Sr. G junto a la fatsia para mostrarle las curiosas yemas, que parecen manos entrelazadas levantadas hacia el cielo. Al verlas el Sr. G dijo: “Yo quería desarrollarme como un árbol, sin miedo del hacha. Con mis manos levantadas hacia el cielo claro, quería rezar por el sol, la tierra, el agua y el aire. Y quería que los gorriones cantasen sobre mis hombros”. Al ver mi expresión de extrañamiento, aclaró que se trataba de un poema iraní, y después concluyó su recitación: “Verde y robusto, y orgulloso y próspero. Yo quería devolver el orgullo y el verdor a este campo triste”.



1 comentario:

  1. Tú lo haces,
    "devolver el verdor a este campo."

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