jueves, 4 de diciembre de 2014

104. AZUL COMO UNA NARANJA


Esta tarde, con los últimos rayos del sol otoñal, he visto, desde la ventana de la cocina, que algunos frutos de mi naranjo ya están maduros. Como un niño atraído por los colores intensos he salido al jardín a tocar las naranjas y a olerlas. He recogido unas cuantas y se las he llevado al Sr. G, que sé que le encantan.

En las fiestas de invierno, antes de la sociedad de consumo y de la aparición de los grandes almacenes, los regalos eran sobre todo alimentarios. En vísperas de la navidad, era costumbre regalar manzanas y naranjas. En los países del norte, las naranjas eran entonces tan raras que constituían un artículo de lujo, reservado a los aristócratas y a los ricos comerciantes.

El Sr. G se puso muy contento al recibirlas, pero no me hizo pasar más allá del vestíbulo de su casa. Sólo me apretó la mano muy efusivamente con sus dos manos, después de ausentarse un instante para guardar las naranjas en una cesta en su cocina. Todavía sin soltarme las manos, exclamó: “¡La tierra es azul como una naranja!”. No entendí qué quería decir. Luego, por fin, liberó mis manos. Mientras me alejaba, añadió en voz alta: ¡Paul Éluard! 
Y luego, al entrar en mi jardín, le oí gritar: ¡El amor la poesía!”.




2 comentarios:

  1. ¡Dolor! ( http://es.wikipedia.org/wiki/Paul_%C3%89luard )

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  2. gala ,Nusch ( http://en.wikipedia.org/wiki/Nusch_%C3%89luard) y Dominique. Pero solo ,a solas con el dolor.

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