viernes, 26 de septiembre de 2014

99. CÁPSULAS DE AGAPANTO


Durante estos días tan lluviosos hay poco trabajo que hacer en el jardín. He aprovechado para extraer las semillas de los frutos de agapanto que recogí el otro día y guardarlas en un sobrecito de papel. Una vez secas, las cápsulas se abren por sí solas en tres partes. En cada parte hay un montón de semillas negras brillantes y alargadas, apiladas como balas en un cartucho de municiones. 

Esta extraña analogía me hizo recordar un cuento de Slawomir Mrozek que leí hace tiempo. El narrador cuenta que había un árbol en su parcela, al borde de una carretera muy transitada. Un día, el narrador recibió una carta de las autoridades, indicándole la necesidad de talar el árbol para evitar posibles accidentes. El narrador tomó una escopeta y, sentado bajo el árbol, disparó a los coches que pasaban. No acertó con ninguno de sus disparos, ya que su vista no era muy buena. Pero lo arrestaron y lo llevaron a juicio. Él se defendió ante el juez:“¿A qué tanta prisa por talar un árbol si hay otros métodos que pueden protegerlo de un accidente? Y no les costaría nada, aparte de la munición”.




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