martes, 1 de julio de 2014

89. MUNDOS PARALELOS.

"La mucha luz es como la mucha sombra: no deja ver" 
[Octavio Paz]



Este domingo el Sr. G llegó con un libro en la mano, dispuesto a pasar la mañana leyendo en mi jardín. Yo entretanto me dediqué a tareas de mantenimiento, sobre todo recortar y barrer. De vez en cuando miraba con el rabillo del ojo al Sr. G, que parecía absorto en su lectura. Sólo se interrumpía de vez en cuando y cerraba los ojos cuando algún ruido del jardín lo perturbaba: los chasquidos de mis tijeras, el piar de los pájaros o el zumbido de los insectos. De pronto, dijo: "En los jardines hay dos mundos paralelos, un mundo sonoro, y otro silencioso. La mayoría de la gente se queda con éste último, y mira un jardín igual que lee un texto escrito. Pero deberíamos ser capaces de mirar el jardín sin dejar de atender a sus sonidos. Del mismo modo, los textos no deberían simplemente ser leídos, sino también escuchados". Y entonces empezó a recitarme en voz alta lo que estaba leyendo, mientras yo estaba atando con rafia los tallos de las balsaminas a las estacas, para evitar que el viento los tronche. De su lectura me llegaban sólo palabras sueltas: "pantano", "vacuidad", "túmulos", y no conseguí entender el sentido global, concentrado como estaba en mi trabajo. 

La manera en que el Sr. G entiende la literatura es muy rara: cree que los textos no tienen significado, ni locutor, ni interlocutor, sino que son como el eco repetido por la pared de una montaña, sonidos que al rebotar se despliegan, se transforman, se convierten en sonidos diferentes que no obstante reproducen todos  la primera y última palabra:  Tetelestai, "todo se ha cumplido tal como está escrito". 
"Escucha", me dijo, al oír el revoloteo de unos gorriones en las ramas del naranjo. Por último repitió tres veces en voz alta la palabra "gorrión", pronunciando exageradamente los sonidos consonánticos: "¡GoRN, GoRN, GoRN!".



La rafia es muy útil para atar a las estacas los tallos tiernos de las plantas sin dañarlos.


En la foto se aprecian los distintos tonos de color de las flores de balsamina (Impatiens balsamina),
junto a una madeja de rafia.


Las hormigas acuden a beber el néctar de las flores de balsamina





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