domingo, 22 de junio de 2014

87. SACRIFICIO DE TRES LIMONES





Esta mañana he visto que había tres limones deformes en el limonero. En todos ellos, la deformación afectaba al extremo del fruto donde se encuentran los restos del pistilo de la flor, es decir, en el lado opuesto al pedículo que une el fruto a la rama. Al observarlos con atención he descubierto rápidamente la causa: en los pliegues y cavidades originados por las deformaciones había grupos de cochinillas patrulladas por hormigas.


Es difícil determinar si las cochinillas llegan por sus propios medios al interior de la flor, al principio del desarrollo del fruto tras la fecundación, o si las conducen allí las hormigas. Lo cierto es que una vez en el pistilo, con sus picaduras provocan reacciones de defensa en el fruto que se traducen en un crecimiento exagerado de las capas exteriores con el fin de aislar la parte dañada.


Esta estrategia de aislamiento mediante la hipertrofia de tejidos permite al árbol salvaguardar el fruto y la semilla pero, paradójicamente, también ofrece a las cochinillas un refugio prácticamente inexpugnable frente a sus depredadores naturales (mariquitas, avispas parasitoides, larvas de polillas, de crisopas y de moscas, etc.), sobre todo con la ayuda de hormigas oportunistas apostadas en las vías de acceso a las cavidades.

Al comprobar que los demás limones están en buen estado y que el árbol se ve fuerte y saludable, he decidido no tomar ninguna medida contra las cochinillas. El sacrificio parece una condición necesaria para la vida del jardín.





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