lunes, 16 de junio de 2014

86. UNA MEZCLA PLANETARIA


En estos días en los que las temperaturas rondan entre los 30 y 40 grados al mediodía, me alegra ver que las plantas de mi jardín soportan el calor serenamente, sin requerir apenas riegos ni cuidados extras.

Esto es gracias a que, aunque la mayoría de las especies proceden de distintas regiones del planeta, todas tienen en común unos mecanismos semejantes de adaptación al clima subtropical propio de esta zona que habito.

Sólo las que he sembrado en macetas requieren un poco más de riego de lo habitual, como las balsaminas y las capuchinas (ver foto de abajo), por tener menos tierra disponible para las raíces y encontrarse por tanto más expuestas al desecamiento. 
Las balsaminas proceden del Sur de Asia y de la India, mientras que las capuchinas son originarias de Sudamérica. Ambas especies, al igual que el agapanto africano de la imagen superior, pueden convivir sin problemas en un jardín mediterráneo y soportar con entereza los rigores del verano andaluz.

Mientras regaba con la regadera la maceta de balsaminas, una salamanquesa (Tarentola mauritanica) ha saltado inesperadamente desde su guarida bajo el borde recurvado del tiesto.

Al considerar la fauna autóctona de insectos, pequeña reptiles y aves que bulle en la mezcla planetaria de plantas que conforma mi jardín, he tomado de pronto conciencia de mi responsabilidad como garante de la armonía del encuentro entre especies -incluyéndome a mí mismo- que no estaban destinadas a priori a convivir en el menor y el menos natural de los espacios: un pequeño jardín de casa adosada en el centro de una ciudad.


"Así como yo formo parte de mi jardín", he pensado, "así deseo formar parte de la Tierra".



Las plantas cultivadas en maceta pueden requerir un poco más de riego en los días muy calurosos, como estas capuchinas (Tropaeolum majus), a la izquierda, y estas balsaminas (Impatiens balsamina), a la derecha.
Pronto empezarán a florecer.


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