sábado, 3 de mayo de 2014

78. (B)IOLETAS


Una lectora me contactó hace varias semanas a través de este blog para preguntarme si podía venir a visitar mi jardín. Ella se había mudado recientemente al sur. Le dije que sí y ayer por la mañana, sobre las once, se presentó. Me había hablado tanto por email de la "tele-tranquilidad" que mi jardín le procuraba desde la distancia que yo temía que el contacto directo la decepcionase, pero ella no comentó nada de eso. Reconoció y tocó una por una mis plantas, nombrándolas. Luego, cuando nos disponíamos a sentarnos para comer unos nísperos que me había ofrecido un vecino unos días antes, producidos en su propio jardín, me dijo que la llamase B.
Es periodista y escribe artículos e informes para varios medios, nacionales e internacionales. Investiga la relación entre política y ecología, sobre todo en lo relativo al cambio climático. Mientras me contaba los detalles de sus últimos trabajos, le pedí que nos levantásemos y me echase una mano con unas plántulas de violeta.
Yo había plantado las semillas un par de meses atrás y luego me había olvidado de ellas. Ahora las plántulas tienen varias hojas, y  aunque parecen un poco débiles, he decidido pasarlas a su emplazamiento definitivo al pie del naranjo, antes de que los días se vuelvan demasiado calurosos.
Siempre que puedo, prefiero obtener mis plantas a partir de semillas o de esquejes procedentes de jardines de amigos en vez de ir a comprarlas a un centro de jardinería. Aunque el proceso es mucho más lento, esto es importante sobre todo cuando se trata de plantas que atraen a las abejas, como en el caso de las violetas. Greenpeace ha difundido recientemente los resultados de unos análisis realizados en plantas ornamentales procedentes de centros de jardinería y supermercados de varios países de Europa, en las que se encontraron niveles de contaminación muy altos de plaguicidas dañinos para los insectos polinizadores, algunos de ellos incluso prohibidos por la legislación europea. El objetivo de este estudio es alertar a los consumidores para que no nos convirtamos en cómplices involuntarios  de la contaminación de nuestros jardines, poniendo en peligro a las abejas.
B. se excusó diciendo que ella era una manazas con las plantas, pero yo insistí. Removimos juntos la tierra bajo el naranjo y luego hicimos varios agujeros donde introdujimos los cepellones de las plántulas, seis en total. Lo importante es apretar bien la tierra alrededor de las raíces y luego regar y mantener húmeda la tierra en los días siguientes, hasta asegurarse de que las plántulas estén bien arraigadas.
Mientras se ocupaba de las plántulas de violeta, B. me contó que el cambio climático era un problema real y que había muchos datos objetivos que lo confirmaban. Pero que lo triste, según ella, es que el cambio climático sólo parece preocuparle a Occidente y, peor aún, que a Occidente sólo le preocupa en realidad en la medida en que éste pueda afectar al control y la protección, frente a terceros, de ciertas zonas. "Sobre todo el delta del Guadalquivir y el noroeste de Groenlandia", añadió, pero no explicó por qué, concentrada como estaba en hacer bien su primer trabajo de jardinería.
Cuando terminamos, ella se despidió. Tenía que ocuparse de terminar la mudanza. Desde la puerta, bajo el arco que ahora está cubierto de flores de jazmín (trachelospermum) le dije que esperaba que volviese pronto, aunque solo sea para vigilar los progresos de sus (b)ioletas.








A los pocos días de plantas las (b)ioletas, este caracol
se ha comido cuatro de los seis plantones.



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