lunes, 17 de febrero de 2014

68. ¡QUÉ SUERTE!

... All goes onward and outward, nothing collapses,
And to die is different from what any one supposed, and luckier.
Has anyone supposed it lucky to be born?
I hasten to inform him or her it is just as lucky to die, and I know it.

[Walt Whitman: song of myself]


inflorescencia de Sedum palmeri
La mañana del domingo amaneció nubosa, pero por fin sin previsión de lluvia, después de varios días de borrascas. He salido al jardín sólo para retirar el agua acumulada en los platos bajo los tiestos de las plantas crasas, con el fin de evitar que las raíces o los tallos se pudran por exceso de humedad. Estos restos de lluvia no los tiro, sino que los acumulo en un recipiente para aprovecharlos como agua de riego en los días soleados.

Después me he sentado a esperar al Sr. G, quien no ha tardado en llegar. Estábamos saludándonos cuando, de pronto, he visto que un rayo de sol ha iluminado las flores recién abiertas de mi sedum palmeri, acentuando su color dorado. Se lo he hecho notar al Sr. G y ambos nos hemos acercado a verlas. Entonces él me ha dicho que ver un objeto de oro, ya sea en la realidad o en sueños, es la señal de un golpe de suerte inminente.

Yo me he quedado un rato mirándolo sin decir nada, pensando en que Whitman decía que morir era también una suerte, mejor de lo que suponemos. Y luego le he dicho, “pues creo que voy a ser muy pero que muy afortunado, porque desde hace varios días sólo veo crecer flores de color de oro por todas partes en mi jardín". El Sr. G se rió a carcajadas.





El agua de lluvia o de riego acumulada en los platos bajo las macetas
es práctico en verano porque evita la excesiva deshidratación de las raíces
en los días de mucho calor y sirve de abrevadero a los pájaros,
pero en invierno conviene eliminarla para evitar
que las raíces y los tallos puedan llegar a pudrirse.



jueves, 6 de febrero de 2014

67. ACODO


Cuando una planta germina espontáneamente en un determinado lugar, de alguna manera sabe que las condiciones favorables que permitieron su germinación no son estables, sino que pueden variar hasta el punto de degradarse más de lo tolerable. Un terreno expuesto al sol puede convertirse en un espacio sombrío a medida que los árboles y las plantas del entorno desarrollan sus follajes. Un terreno inicialmente húmedo puede volverse muy seco con el paso del tiempo o con el cambio de las estaciones. Por esta razón, las plantas han desarrollado diversas estrategias con las que consiguen compensar su imposibilidad de desplazamiento en busca de mejores condiciones.

Algunas plantas  aceleran sus ciclos de vida, floreciendo y fructificando en brevísimos lapsos de tiempo, produciendo además semillas capaces de viajar muy lejos hacia terrenos propicios, impulsadas por el viento o prendidas en los pelos,  en las plumas o en la ropa de criaturas No-plantas, o bien produciendo semillas capaces de resistir dormidas todo el tiempo necesario hasta que las condiciones de vida vuelvan a ser favorables.

Otras plantas, en cambio, se las han ingeniado para encontrar la forma de desplazarse, engendrando copias clónicas suyas a una cierta distancia, mediante estrategias de “multiplicación vegetativa”.  En estos casos, la distancia recorrida es relativamente menor que en los casos de dispersión por semillas: apenas un perímetro de uno o varios metros alrededor del pie de la planta-madre, pero lo suficiente para establecerse de un modo más exitoso y duradero, asegurándose mejores condiciones.

Ya he mencionado antes algunas tácticas que emplean las plantas que para expandirse por el jardín (→10, 24, 25, 35, 47), muchas veces sin el consentimiento del jardinero. Hoy dedico este capítulo a otra curiosa estrategia que se conoce por el nombre de “acodo”.

En la foto muestro una especie de asterácea que cultivo en dos tiestos cerca del pie del limonero. Mirando con atención se puede observar que la planta ha producido unos tallos recurvados que se inclinan “como por casualidad” fuera del tiesto. Algunos de estos tallos se apoyan en otra maceta vecina (a la derecha de la foto), y otros directamente sobre el suelo (abajo de la foto). En ambos casos, los tallos así recurvados buscan el contacto con la tierra necesario para desencadenar el desarrollo de raíces, y por tanto de una planta clónica, a una cierta distancia del pie de la planta-madre, en un entorno algo más alejado del área de sombra de la copa del limonero.

El acodo se produce naturalmente en ciertos árboles y en plantas de tallos flexibles como ésta, pero, como las demás formas de multiplicación vegetativa, puede realizarse también artificialmente mediante técnicas de jardinería muy sencillas, que simplemente consisten en imitar lo que hace la naturaleza. Por mi parte, consintiendo a los deseos de mi planta, he decidido contribuir fijando al suelo algunos  sus tallos. Para ello he utilizado unas horquillas  de las que mi hija usa para controlar su melena.

El método de multiplicación por acodo es muy práctico cuando se cultivan plantas que no producen frutos, como en el caso de muchas variedades obtenidas en horticultura y floricultura, con un riesgo de fracaso mucho menor que mediante la técnica de esqueje, ya que los tallos así desplazados mantienen no obstante el intercambio de savia con la planta madre. Los acodos se pueden estimular haciendo además pequeños cortes en el codo del tallo y aplicándoles hormonas de enraizamiento; pero generalmente esto no es necesario y basta con ayudar a la planta a mantener fijados al suelo los tallos que ella misma ha destinado a tal fin.


En la foto de la izquierda se aprecia cómo los tallos de la asterácea parecen buscar premeditadamente
la hendidura entre las piedras del pavimento. A la derecha, detalle de la rama que me dispongo a fijar
en el suelo, con ayuda de horquillas, contribuyendo artificialmente al acodo iniciado naturalmente.
unas simples horquillas para el pelo resultan
muy útiles para favorecer la
multiplicación vegetativa por acodo