jueves, 9 de enero de 2014

63. EPIFANÍA EN EL JARDÍN

semillas pegajosas de pitósporos.

El domingo pasado por la mañana vino el señor G, como de costumbre. Nos sentamos un rato en el porche sin hacer nada, mientras compartíamos el trozo de roscón de Reyes que yo estaba tomando para desayunar. "¿Hoy no trabajas en el jardín?", me preguntó. Yo negué tres veces con la cabeza, haciendo tiempo para terminar de masticar antes de hablar, y entonces le dije que en estas últimas semanas apenas hago nada, esperando lo que está por venir. "Esta noche concluye el ciclo del solsticio de invierno, exactamente doce noches después de la Navidad", aclaré, al ver su mirada interrogante. "Mañana, con la Epifanía, es cuando los días empiezan a alargarse de manera sensible".


Las plantas lo notan y se están preparando. Señalé al Sr. G los primeros brotes florales de mis crassulas. Los narcisos ya asoman fuera de tierra. Mis clivias y la liríope están acelerando la maduración de los frutos. Y los pitósporos ya muestran sus semillas rojas pegajosas, preparadas para que algún pájaro se las lleve lejos de la planta madre, adheridas en sus plumas (epizoocoria). 


"Esperemos entonces, dijo el Sr. G, esperemos ese jardín florido que este compás de espera vuelve imaginario".



Crassula (izquierda) y narcisos (derecha)
frutos de liríope (izquierda) y de clivia (derecha)
un curioso detalle comparativo de los frutos de liríope y de clivia

1 comentario:

  1. Esperemos entonces por Juan Gelman,

    "Un pájaro vivía en mí.
    Una flor viajaba en mi sangre.
    Mi corazón era un violín.

    Quise o no quise. Pero a veces
    me quisieron. También a mí
    me alegraban: la primavera,
    las manos juntas, lo feliz.

    ¡Digo que el hombre debe serlo!

    (Aquí yace un pájaro.
    Una flor.
    Un violín.)"
    Juan Gelman

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