domingo, 21 de diciembre de 2014

107. LEVES VARIACIONES


¡Todo es Eternidad! ¡Todo fue antes!
¡Y todo lo que es hoy será después,
en el Instante que abre los instantes,
y el hoyo de la muerte a nuestros pies!

[Valle Inclán; Rosa gnóstica]


"El hecho es que parece que todo lo que podemos aspirar 
es a ser un poco menos, al final, de lo que éramos al principio”. 
[Samuel Beckett: Molloy]



Lo que hago como jardinero: analizar las variaciones en cada acto repetido, para intentar comprender por qué es preciso que todo recomience.

jueves, 11 de diciembre de 2014

105. CLADODIOS


Bayas de esparraguera africana (Asparagus sprengeri)
en distintas fases de maduración
El domingo pasado, el Sr. G vino a visitar mi jardín con su nieta. Nada más entrar, la niña se sintió atraída por la esparraguera africana, que está cargada de bayas rojas. La oí preguntar en voz baja a su abuelo si podría pedirme una rama para llevársela como decoración de navidad. ¿Quizá creyó que se trataba de una planta de muérdago? Le corté una rama, explicándole que debía manipularla con mucho cuidado para no clavarse las pequeñas púas.


Las púas son las verdaderas hojas, de tal manera que lo que parecen hojas son en realidad tallos aplastados. En botánica, estos tallos con apariencia de hojas se llaman cladodios. Así, mientras las hojas se ocupan de defender la planta, los tallos las reemplazan en la tarea de la fotosíntesis.

Al Sr. G le impresionó mucho descubrir esta faceta mentirosa de las plantas. Dijo: “Las apariencias bastan para construir todo un mundo, incluso entre las plantas”.


A la izquierda detalle de hoja (en forma de púa) de esparraguera africana;
a la derecha, tallos (cladodios) con apariencia de hoja





















Baya de esparraguera africana, con detalle de jugo y semilla

jueves, 4 de diciembre de 2014

104. AZUL COMO UNA NARANJA


Esta tarde, con los últimos rayos del sol otoñal, he visto, desde la ventana de la cocina, que algunos frutos de mi naranjo ya están maduros. Como un niño atraído por los colores intensos he salido al jardín a tocar las naranjas y a olerlas. He recogido unas cuantas y se las he llevado al Sr. G, que sé que le encantan.

En las fiestas de invierno, antes de la sociedad de consumo y de la aparición de los grandes almacenes, los regalos eran sobre todo alimentarios. En vísperas de la navidad, era costumbre regalar manzanas y naranjas. En los países del norte, las naranjas eran entonces tan raras que constituían un artículo de lujo, reservado a los aristócratas y a los ricos comerciantes.

El Sr. G se puso muy contento al recibirlas, pero no me hizo pasar más allá del vestíbulo de su casa. Sólo me apretó la mano muy efusivamente con sus dos manos, después de ausentarse un instante para guardar las naranjas en una cesta en su cocina. Todavía sin soltarme las manos, exclamó: “¡La tierra es azul como una naranja!”. No entendí qué quería decir. Luego, por fin, liberó mis manos. Mientras me alejaba, añadió en voz alta: ¡Paul Éluard! 
Y luego, al entrar en mi jardín, le oí gritar: ¡El amor la poesía!”.




domingo, 9 de noviembre de 2014

103. LA MANO

"Todo lo que es hecho, todo lo humano de la Tierra
está hecho por manos" (Ernesto Cardenal).


Ayer, mientras paseaba por la montaña, no muy lejos de donde vivo, disfruté sintiendo mi mano.










domingo, 19 de octubre de 2014

102. 'ALAS DE ÁNGEL'


frutos de begonia 'alas de ángel'
Como todavía hace calor, a pesar de la llegada del otoño, las lluvias de las últimas semanas han revigorizado mis plantas. Mis balsaminas, mis salvias, mis hibiscos producen constantemente nuevas ramas y flores, como si no quisiesen admitir que el verano ha terminado.
Los frutos de mi granado están gordos y colorados;  la copa conserva por el momento todas sus hojas. Mi naranjo y mi limonero han producido este año muchísimos frutos: aún están verdes, pero se ve cómo van tiñéndose rápidamente de naranja y de amarillo.
Mi begonia ‘alas de ángel’, que ha florecido durante toda la primavera y el verano, tiene ya algunos frutos maduros. Son alados, con textura semejante al papel, casi translúcidos. Cada fruto contiene cientos de semillas diminutas como motas de polvo, del color del pimentón.
Estaba recolectando esta mañana los frutos de la begonia cuando ha llegado el Sr. G. Enseguida se ha acercado a mirar con su curiosidad habitual. Después de abrir delante de él un fruto para mostrarle la disposición de las semillas, le he hecho observar también las hojas de la planta, con los característicos lunares plateados. Cada uno de ellos actúa como una especie de espejo, reflejando y multiplicando la fuente de luz de hoja a hoja. Se trata de una estrategia muy eficaz para una planta que crece en entornos tropicales, donde la competencia por la luz es feroz.
Le he explicado al Sr. G que esta variedad de begonia se llama ‘alas de ángel’ por la forma alargada de sus hojas. Él me ha mirado con expresión escéptica y me ha dicho: “Me extraña mucho, porque los ángeles no tienen alas”. Entonces me contó el origen de la palabra “ángel”, procedente del griego “angaros”. Según el Sr. G, esta palabra significaba originariamente "mensajero", en concreto un mensajero de largas distancias, que requería algún medio de locomoción para llegar a su destinatario. “Pero no alas, claro está”, insistió el Sr. G., y luego añadió: “Aquellos que hoy llamamos ángeles debieron recorrer en verdad una distancia inconmensurable según los cálculos tradicionales, pues esa distancia no estaba hecha de espacio sino de tiempo”. Por lo visto, el medio de transporte que utilizaron los ángeles para llevar el mensaje a sus destinatarios se averió o se rompió (al final no me quedó del todo claro), y los restos fueron escondidos bajo hielo, bajo agua y bajo tierra, de manera que los ángeles no pudieron regresar nunca más al tiempo del que procedían.
Después de estas extrañas explicaciones, el Sr. G retornó a la conversación sobre los frutos de la begonia con toda naturalidad. Le pedí que me ayudase a anotar el nombre de la planta en los sobrecitos a medida que yo iba guardando en ellos puñados de semillas. Con el rabillo del ojo vi que cada vez que anotaba el término de ‘alas de ángel’ se sonreía.


A la izquierda: detalle de los característicos lunares plateados de las hojas de la begonia 'alas de ángel'.
A la derecha: detalle de las semillas.



lunes, 13 de octubre de 2014

101. LA MACETA DE ALBAHACA


Las albahacas necesitan luz y calor para crecer, por eso la costumbre es sembrarlas en primavera y recolectarlas en verano. Pero este calendario depende del clima de las distintas regiones, naturalmente. Como en mi tierra el otoño es cálido y muy soleado, no dudé en volver a sembrar un puñado de semillas de albahaca a finales de agosto. Enseguida germinaron y ahora, a mediados de octubre,  las matas están llenas de hojas frescas muy perfumadas.

Cogí un ramillete ayer por la mañana y se lo llevé al Sr. G, que no había podido venir a visitarme, como suele hacer los domingos, debido a que está un poco resfriado. La hermana del Sr. G me abrió la puerta, me acompañó al salón, e inmediatamente se retiró con la nieta a otra parte de la casa. El Sr. G me pidió que me sentase en un sillón frente a él. Después de agradecerme mucho el ramito de albahacas, se quedó unos minutos pensativo y luego, de pronto, levantó un brazo, exclamando: “¿Quién es el mortal inhumano que me ha robado de mi ventana la albahaca salernitana?”

Al ver mi cara de sorpresa, el Sr. G me contó el cuento del que había sacado esa frase que acababa de recitar en voz alta. Se trataba de una novela del Decamerón de Boccaccio, titulada “Isabella o la maceta de albahaca”.

Hubo una vez en Messina tres hermanos comerciantes que heredaron una gran fortuna cuando su padre murió. Tenían una hermana a la que no querían casar, por evitar perder una buena parte de sus riquezas con la entrega de la dote. Esta muchacha estaba secretamente enamorada de uno de los ayudantes de sus hermanos, un joven llamado Lorenzo. La mala suerte hizo que el mayor de los tres hermanos descubriera una noche a Lorenzo en la habitación de su hermana, sin que éstos se diesen cuenta. A pesar del enfado, el hermano se contuvo y a la mañana siguiente informó a sus otros dos hermanos. Los tres idearon un plan para llevarse a Lorenzo lejos de la ciudad, a un lugar extremadamente solitario, donde lo mataron y enterraron. Una vez de regreso, justificaron la ausencia de Lorenzo con el argumento de que lo habían dejado a cargo de varios negocios lejos de su ciudad. Todo el mundo se lo creyó sin sospechar nada, pues Lorenzo había tenido que ausentarse por tales motivos en muchas ocasiones anteriormente. 
Isabel esperó impacientemente a Lorenzo, preguntando a menudo por él a sus hermanos. Un día en el que ella les preguntó muy insistentemente, uno de sus hermanos le respondió con duras amenazas. Intimidada, la joven no volvió a quejarse, pero siguió pensando en Lorenzo día tras día, lamentando su larga ausencia. Una noche, mientras lo invocaba en sueños para que volviese cuanto antes, el joven se le apareció y le dijo: ¡Ay, mi querida Isabel, en vano me llamas y me reprochas mi larga ausencia. Debes saber, mi querida amiga, que nunca podré volver, pues tus hermanos me mataron el último día que me viste”. Después le explicó con detalles precisos el lugar donde lo habían enterrado y a continuación despareció. 
A la mañana siguiente, Isabel pidió permiso para salir con su criada y ambas se dirigieron al lugar que Lorenzo le había indicado en el sueño. Allí donde encontró un montículo de tierra removida se puso a cavar y no tardó en encontrar el cadáver de su amado. Ante la imposibilidad de desenterrarlo completamente, le cortó la cabeza, la envolvió en el delantal de su criada y regresó rápidamente a casa. Una vez allí lo besó muchas veces y lo limpió con sus lágrimas. Luego, para evitar ser descubierta, envolvió la cabeza en un paño de seda, la enterró en una maceta, y plantó en ella semillas de albahaca, con la intención de regarla exclusivamente con agua de rosas y de azahar o con sus lágrimas. Había elegido esta planta porque el perfume de sus hojas le recordaba el olor de los cabellos de su amado. 
De tanto que Isabel lloró inclinada sobre la maceta y gracias a los nutrientes que la cabeza de Lorenzo aportaba a la tierra, las albahacas crecieron mucho y rápidamente. El aspecto de Isabel, al contrario, empeoraba día tras día. A la vista de los cambios físicos de Isabel, los hermanos indagaron y pronto supieron por las vecinas que la joven pasaba la mayor parte de su tiempo gimiendo y llorando junto a la maceta de albahacas. Ellos le hicieron muchos reproches y encontraron la manera de quitarle la maceta. Esto hizo que Isabel cayera gravemente enferma. 
Viendo que, pese a su enfermedad, la joven no dejaba de insistir para recuperar la maceta, los hermanos descubrieron lo que ella había escondido dentro. Arrancaron las albahacas, quitaron la tierra y encontraron debajo la cabeza de Lorenzo muy deteriorada, pero no tanto como para no poder reconocer a su víctima. Se llevaron los restos rápidamente de allí, los enterraron muy lejos y se mudaron a Nápoles, abandonando a su hermana, que al poco tiempo murió. Su muerte, la desaparición de los hermanos y algunas informaciones desveladas por la criada de Isabel hicieron que la noticia se divulgara y que surgiese una leyenda que perduró hasta nuestros días.

Cuando el Sr. G terminó su relato, me acompañó a la puerta, volviendo a agradecerme el remito de albahaca. Luego, cuando me alejé unos pasos, me dijo: "Isabel es uno de los nombres de mi nieta". Yo le dije adiós con un gesto, mientras atravesaba la puerta de su patio hacia la calle.




jueves, 2 de octubre de 2014

100. SED DE LO MISMO



Rien n'est nouveau sous le soleil,
même quand il n'y a pas de soleil
(Eugène Ionesco)

Cada septiembre, tras las primeras lluvias, empiezan a rebrotar los muscaris, las freesias y los narcisos. Entonces es el momento de retirarles la capa superior de la tierra, empobrecida y tostada por el sol del verano, de añadirles nueva tierra y abonarlos. Todos los años es lo mismo (→ 53). El Sr. G.  estuvo acompañándome el domingo pasado mientras hacía estas tareas. Al comentarle acerca de lo repetitivo que es el trabajo en el jardín, el Sr. G dijo que en la jardinería, como en la poesía, la repetición no produce aburrimiento ni monotonía, sino al contrario suscita un placer siempre renaciente, al permitir experimentar la maravilla de "lo esperable". Y acto seguido añadió: “Ya lo dijo Ionesco: "No hay nada nuevo bajo el sol, incluso cuando no hay sol". Un poco más tarde, al verme rellenar de tierra fresca el tiesto de los muscaris, el Sr. G insistió en su defensa de la repetición. “Estos muscaris, dijo, no murieron por haber vivido, florecido y fructificado, sino para volver a ser indefinidamente lo que ya fueron”.



La maceta de muscaris con una nueva capa de compost fresco y rico en nutrientes
Tras retirar los restos secos de la temporada pasada (izquierda), he añadido compost a todas mis macetas de bulbosas.
Apenas empiecen a florecer, las bajaré de la azotea al jardín, como hago todos los años.

viernes, 26 de septiembre de 2014

99. CÁPSULAS DE AGAPANTO


Durante estos días tan lluviosos hay poco trabajo que hacer en el jardín. He aprovechado para extraer las semillas de los frutos de agapanto que recogí el otro día y guardarlas en un sobrecito de papel. Una vez secas, las cápsulas se abren por sí solas en tres partes. En cada parte hay un montón de semillas negras brillantes y alargadas, apiladas como balas en un cartucho de municiones. 

Esta extraña analogía me hizo recordar un cuento de Slawomir Mrozek que leí hace tiempo. El narrador cuenta que había un árbol en su parcela, al borde de una carretera muy transitada. Un día, el narrador recibió una carta de las autoridades, indicándole la necesidad de talar el árbol para evitar posibles accidentes. El narrador tomó una escopeta y, sentado bajo el árbol, disparó a los coches que pasaban. No acertó con ninguno de sus disparos, ya que su vista no era muy buena. Pero lo arrestaron y lo llevaron a juicio. Él se defendió ante el juez:“¿A qué tanta prisa por talar un árbol si hay otros métodos que pueden protegerlo de un accidente? Y no les costaría nada, aparte de la munición”.




sábado, 20 de septiembre de 2014

98. MALOPE





De las semillas de Malope trifida que planté en enero (→66), sólo una consiguió desarrollarse a lo largo de la primavera. Durante los primeros meses creció muy lentamente y con poco vigor, pero a medida que avanzaba el verano ha ido cobrando fuerza y es ahora cuando ha empezado a florecer. Es una planta silvestre de la familia de las malvas que se adapta bien a la vida en el jardín. En Europa hay tres especies de Malope; las tres son mediterráneas. Ésta concretamente, la Malope trífida, es nativa del N.O. de África y del S.O. de la península ibérica, es decir, del territorio que bordea un lado y otro del Estrecho de Gibraltar.









lunes, 15 de septiembre de 2014

97. SEMILLAS DE PIMIENTO



Patrick Modiano dijo:
"A veces basta con garabatear dos o tres palabras
en una página para que todo cambie"
(Magazine Télérama - 02/02/2014)





 

Los esquejes de pimiento que transplanté en marzo pasado (→ 70) se han desarrollado poco, seguramente debido a que las condiciones no eran óptimas: un recipiente relativamente pequeño y poco profundo, en un rincón del jardín con pocas horas de exposición solar. Con todo, he podido esta mañana recoger algunos frutos. Al cortarlos para la ensalada, me he quedado deslumbrado admirando las semillas en forma de discos blancos. ¡Cuántas verdades dicen calladamente las plantas!
 




sábado, 30 de agosto de 2014

96. EL ABREVADERO EN LA AZOTEA


He puesto un cubo en la azotea para recoger el agua que gotea del termo de la placa solar. Muchos pájaros aprovechan este cubo como abrevadero.


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*¡muchas gracias a G&L por estos vídeos!

miércoles, 27 de agosto de 2014

95. ESPINACAS


Semillas de espinaca
 
Hace varios días encontré una caja de madera en la calle, abandonada junto al contenedor de basura. Me la llevé a casa con la intención de reutilizarla como recipiente para plantar hortalizas.
Esta mañana, le di una mano de aceite para embellecer la madera y protegerla del agua de riego.
A continuación, he cubierto las paredes interiores utilizando restos de un rollo de césped artificial, a modo de malla, para impedir que la tierra se escape por los huecos entre los listones de madera.
Una vez terminada la reparación de la caja, la he rellenado de tierra y he plantado en ella semillas de espinacas.
No he podido evitar acordarme de Popeye y de su famosa frase: « I yam what I yam and that's what I yam » (Yo soy lo que soy y eso es todo lo que soy).


Preparación del cajón para plantar espinacas
Ahora toca esperar tranquilamente a ver germinar lo sembrado

lunes, 18 de agosto de 2014

94. EL COLLAR DE LA TÓRTOLA

You can find the entire cosmos lurking in its least remarkable objects [Wislawa Szymborska]

All human knowledge takes de form of interpretation [Walter Benjamin]

We know too much and are convinced of too little [T.S.Eliot]


Ayer domingo por la mañana encontré una cría de tórtola turca (Streptopelia decaocto) al pie del hibisco. La dejé tranquila donde estaba, pensando que sus progenitores andarían en las proximidades, quizá en lo alto de las ramas del ciprés. Cuando el Sr. G vino comprobamos que el pájaro aún seguía inmóvil donde yo lo había dejado. El Sr. G lo observó muy interesado, y luego dijo que las tórtolas son profetisas que enseñan la sabiduría divina, mientras que las palomas representan la sabiduría humana. "Siendo parecidas", explicó, "ambas se diferencian como una copia de su modelo". Yo no sabía si, al decir esto, el Sr. G se refería a las dos formas de sabiduría mencionadas o a ambas especies de pájaros. "¿Y cuál es el mensaje que nos trae hoy este pichón de tórtola?", le pregunté, intentando que no se notara un tono burlón. El Sr. G me pidió un cuaderno y un lápiz, y entonces, quitándose su anillo, lo colocó en el papel. Luego pasó la punta del lápiz cuidadosamente por todo el alrededor, excepto por la parte que tenía sujeta con la yema del dedo. Al terminar el dibujo, me lo mostró, con un gesto satisfecho. Se trataba de un círculo incompleto. Intrigado, le pregunté qué significaba exactamente, y él respondió: "¿No lo ves? Es el dibujo del collar que caracteriza el plumaje de esta especie de ave cuando es adulta". Y después, poniéndome su mano en el hombro, añadió: "Jardinero, ya te lo dije el otro día, la memoria no está en el interior de tu cabeza, sino fuera (→92). Cada vez que veas una tórtola, piensa en el dibujo de su collar".



El característico collar de la tórtola turca reproduce la imagen de un círculo incompleto.
Por más que lo miro, no entiendo qué es lo que tendría que hacerme recordar.



sábado, 16 de agosto de 2014

93. VERDE SU OJO



Esta mañana, mientras cortaba las balsaminas, he encontrado una mantis religiosa posada en uno de los tutores. Es la primera vez que veo esta clase de insectos en mi jardín. Al observarla tan de cerca he comprendido muy bien la fascinación que las mantis ejercían sobre los artistas surrealistas, hasta el punto de que algunos como Dalí y Breton las tenían en sus casas, guardadas en terrarios. Para ellos, la mantis representaba el poder femenino. Un poder a la vez guerrero y tranquilo, como el de Minerva, Palas o la reina Talestris. 
Me he ausentado unos minutos para retirar los restos de las balsaminas, escogiendo los mejores frutos, y a la vuelta la mantis ya no estaba por ninguna parte. Mientras seleccionaba y guardaba las semillas de balsamina para la próxima primavera, desilusionado por la desaparición del insecto, me vino a la mente este poemita de Cocteau: ¡Devuélveme esta compañera mortífera, esta mantis religiosa, este amor que me devoraba! Su pico, sus largas piernas de amazona, verde su ojo de Palas al fondo de las ranuras del casco...




frutos y semillas de balsamina (Impatiens balsamina)




jueves, 14 de agosto de 2014

92. LO DE DENTRO AFUERA



“People generally see what they look for, and hear what they listen for” [Harper Lee]



Al volver de las vacaciones, he encontrado un paquete en el buzón. En el interior del paquete había una plaquita artesanal de barro cocido, decorado con las letras G y Q. Enseguida le he puesto un soporte y lo he colgado en el muro junto a la puerta del jardín. 
A los pocos días, el domingo pasado, el Sr. G se percató de esta novedad nada más entrar. Le he comentado que, en mi jardín, los objetos cuentan tanto como las plantas. Me gusta verlos, tocarlos y también oírlos cuando el viento los hace sonar. Casi todos funcionan además como sostén para las plantas, como reservas de humedad y como refugio improvisado para las salamanquesas, las arañas y diversos tipos de insectos. El Sr. G asintió tres veces con la cabeza mientras yo le explicaba esto. 
Él añadió que los objetos, como las palabras, conservan y transmiten nuestra memoria del mundo, y también nuestros olvidos. Dijo que la memoria, al contrario de lo que se piensa, no está ubicada en nuestro cerebro, sino fuera, en los objetos que nos rodean. Según el Sr. G, la única manera de asegurar los recuerdos es mantener bien adiestrados los sentidos del gusto, el olfato, el tacto, el oído y la vista. Toda la información obtenida por ellos la guardamos en el cerebro. "Por eso tenemos la ilusión de que la memoria está en nuestra cabeza. Pero dentro sólo está la copia, la parte filtrada", dijo, y luego, tras un breve silencio, concluyó "Lo de dentro está fuera".







viernes, 1 de agosto de 2014

91. ¿QUÉ ME ENCONTRARÉ?





Sin apenas hacer ruido, he abierto la puerta del jardín y me he ido de vacaciones. Me gusta ausentarme temporalmente por la ilusión de recomenzar tras el retorno. Sentado en la arena de la playa, anticipo el presentimiento a la vez fúnebre y gozoso con el que atravieso de nuevo la puerta, de regreso al jardín, preguntándome qué me encontraré. Ya imagino al limonero reprochándome amablemente: "Hace tiempo que no sabíamos nada de ti. El sol y el mar han bronceado tu piel".
 













martes, 8 de julio de 2014

90. GRACIAS, CUERPO


ciruelas recién cogidas

Gracias, ojos, por ver vibrar la luz en estas flores.
Gracias, manos, por sentir el sol,
y vosotros, dedos, por haber tocado estas ciruelas maduras.
Gracias, cuerpo, por estar aún fuerte para trabajar en este jardín
y vosotros, torso erguido y pulmones
por respirar este aire radiante y vivo.

Existo en todo lo que me rodea.
Mi vida se prolonga en estos árboles y plantas
que me acarician
bajo el ardor de una tarde de verano.


* texto inspirado en el poema

La joie de Émile Verhaeren.






martes, 1 de julio de 2014

89. MUNDOS PARALELOS.

"La mucha luz es como la mucha sombra: no deja ver" 
[Octavio Paz]



Este domingo el Sr. G llegó con un libro en la mano, dispuesto a pasar la mañana leyendo en mi jardín. Yo entretanto me dediqué a tareas de mantenimiento, sobre todo recortar y barrer. De vez en cuando miraba con el rabillo del ojo al Sr. G, que parecía absorto en su lectura. Sólo se interrumpía de vez en cuando y cerraba los ojos cuando algún ruido del jardín lo perturbaba: los chasquidos de mis tijeras, el piar de los pájaros o el zumbido de los insectos. De pronto, dijo: "En los jardines hay dos mundos paralelos, un mundo sonoro, y otro silencioso. La mayoría de la gente se queda con éste último, y mira un jardín igual que lee un texto escrito. Pero deberíamos ser capaces de mirar el jardín sin dejar de atender a sus sonidos. Del mismo modo, los textos no deberían simplemente ser leídos, sino también escuchados". Y entonces empezó a recitarme en voz alta lo que estaba leyendo, mientras yo estaba atando con rafia los tallos de las balsaminas a las estacas, para evitar que el viento los tronche. De su lectura me llegaban sólo palabras sueltas: "pantano", "vacuidad", "túmulos", y no conseguí entender el sentido global, concentrado como estaba en mi trabajo. 

La manera en que el Sr. G entiende la literatura es muy rara: cree que los textos no tienen significado, ni locutor, ni interlocutor, sino que son como el eco repetido por la pared de una montaña, sonidos que al rebotar se despliegan, se transforman, se convierten en sonidos diferentes que no obstante reproducen todos  la primera y última palabra:  Tetelestai, "todo se ha cumplido tal como está escrito". 
"Escucha", me dijo, al oír el revoloteo de unos gorriones en las ramas del naranjo. Por último repitió tres veces en voz alta la palabra "gorrión", pronunciando exageradamente los sonidos consonánticos: "¡GoRN, GoRN, GoRN!".



La rafia es muy útil para atar a las estacas los tallos tiernos de las plantas sin dañarlos.


En la foto se aprecian los distintos tonos de color de las flores de balsamina (Impatiens balsamina),
junto a una madeja de rafia.


Las hormigas acuden a beber el néctar de las flores de balsamina





domingo, 29 de junio de 2014

88. TRANQUILO












Tranquilo, muy tranquilo, ante el desastre inminente: cuando recomenzar ya no es una opción.





domingo, 22 de junio de 2014

87. SACRIFICIO DE TRES LIMONES





Esta mañana he visto que había tres limones deformes en el limonero. En todos ellos, la deformación afectaba al extremo del fruto donde se encuentran los restos del pistilo de la flor, es decir, en el lado opuesto al pedículo que une el fruto a la rama. Al observarlos con atención he descubierto rápidamente la causa: en los pliegues y cavidades originados por las deformaciones había grupos de cochinillas patrulladas por hormigas.


Es difícil determinar si las cochinillas llegan por sus propios medios al interior de la flor, al principio del desarrollo del fruto tras la fecundación, o si las conducen allí las hormigas. Lo cierto es que una vez en el pistilo, con sus picaduras provocan reacciones de defensa en el fruto que se traducen en un crecimiento exagerado de las capas exteriores con el fin de aislar la parte dañada.


Esta estrategia de aislamiento mediante la hipertrofia de tejidos permite al árbol salvaguardar el fruto y la semilla pero, paradójicamente, también ofrece a las cochinillas un refugio prácticamente inexpugnable frente a sus depredadores naturales (mariquitas, avispas parasitoides, larvas de polillas, de crisopas y de moscas, etc.), sobre todo con la ayuda de hormigas oportunistas apostadas en las vías de acceso a las cavidades.

Al comprobar que los demás limones están en buen estado y que el árbol se ve fuerte y saludable, he decidido no tomar ninguna medida contra las cochinillas. El sacrificio parece una condición necesaria para la vida del jardín.





lunes, 16 de junio de 2014

86. UNA MEZCLA PLANETARIA


En estos días en los que las temperaturas rondan entre los 30 y 40 grados al mediodía, me alegra ver que las plantas de mi jardín soportan el calor serenamente, sin requerir apenas riegos ni cuidados extras.

Esto es gracias a que, aunque la mayoría de las especies proceden de distintas regiones del planeta, todas tienen en común unos mecanismos semejantes de adaptación al clima subtropical propio de esta zona que habito.

Sólo las que he sembrado en macetas requieren un poco más de riego de lo habitual, como las balsaminas y las capuchinas (ver foto de abajo), por tener menos tierra disponible para las raíces y encontrarse por tanto más expuestas al desecamiento. 
Las balsaminas proceden del Sur de Asia y de la India, mientras que las capuchinas son originarias de Sudamérica. Ambas especies, al igual que el agapanto africano de la imagen superior, pueden convivir sin problemas en un jardín mediterráneo y soportar con entereza los rigores del verano andaluz.

Mientras regaba con la regadera la maceta de balsaminas, una salamanquesa (Tarentola mauritanica) ha saltado inesperadamente desde su guarida bajo el borde recurvado del tiesto.

Al considerar la fauna autóctona de insectos, pequeña reptiles y aves que bulle en la mezcla planetaria de plantas que conforma mi jardín, he tomado de pronto conciencia de mi responsabilidad como garante de la armonía del encuentro entre especies -incluyéndome a mí mismo- que no estaban destinadas a priori a convivir en el menor y el menos natural de los espacios: un pequeño jardín de casa adosada en el centro de una ciudad.


"Así como yo formo parte de mi jardín", he pensado, "así deseo formar parte de la Tierra".



Las plantas cultivadas en maceta pueden requerir un poco más de riego en los días muy calurosos, como estas capuchinas (Tropaeolum majus), a la izquierda, y estas balsaminas (Impatiens balsamina), a la derecha.
Pronto empezarán a florecer.