sábado, 7 de diciembre de 2013

60. MINADORES DE CÍTRICOS

Esta mañana temprano he vuelto por fin a mi jardín, después de un mes intenso de trabajo fuera. Inspirado por el comentario de una lectora, he estado observando con detenimiento las hojas de mi limonero (→ 09) y de mi naranjo, en busca de las huellas de los minadores de hojas de los cítricos (Phyllocnistis citrella Stainton). 
Se trata de un tipo de mariposas que suelen pasar desapercibidas a nuestros ojos, debido a su tamaño diminuto y a sus hábitos crepusculares y matutinos. 
Los expertos dicen que estos insectos proceden del sureste de Asia y que penetraron en España hace unos veinte años desde las costas andaluzas, después de haberse extendido por el continente africano. Hoy en día son una plaga mundial.
El proceso de puesta de huevos, eclosión y desarrollo de larvas hasta el estado de mariposa se sucede ininterrumpidamente en primavera y en verano. En invierno, el desarrollo de las larvas se hace mucho más lento,  hasta el punto de que la mayoría muere en los días más fríos. Esto no impide, no obstante, que la población de minadores pueda volver a regenerarse a la primavera siguiente.
Aunque no solemos ver a estas mariposas, sus huellas están inscritas en las hojas de los árboles donde se reproducen. Se trata de dibujos que avanzan al principio rectilíneos a lo largo del nervio de las hojas, y que continúan después con trazos sinuosos en dirección hacia la periferia.  
Tales dibujos no los hacen en realidad las mariposas, sino las larvas de éstas. Tras la eclosión, se refugian bajo la epidermis de la hoja, donde excavan galerías (razón por la cual se les llama minadores), alimentándose de savia y de materia vegetal a medida que avanzan lentamente hacia el borde de la hoja, adonde llegan en la fase final del desarrollo. Una vez en el borde, y siempre bajo la epidermis de la hoja, las larvas construyen la crisálida, provocando visibles deformaciones y repliegues en las hojas. 
Al vivir refugiados bajo la epidermis de las hojas, es muy difícil combatir a los minadores sin dañar al árbol. Por suerte, estos insectos no suponen en general un grave riesgo para el árbol. Normalmente sólo afectan a la estética de las hojas, pero conviene evitar que la plaga se haga demasiado grande, pues en tal caso el árbol puede llegar a perder mucha vitalidad, volverse susceptible a diversas enfermedades y producir en consecuencia menos brotes y menos frutos.
Así, más que combatir a  los minadores, lo mejor es vigilar que el árbol afectado tenga los nutrientes, la luz, el aire y el espacio que necesita para crecer con vigor, confiando en que los enemigos naturales (depredadores y parásitos), además del frío del invierno, hagan su trabajo de control de la plaga. También podemos reducir la población de minadores eliminando parte del follaje afectado.
Estaba dedicándome precisamente a recortar un poco el limonero y el naranjo, seleccionando cuidadosamente las ramas más afectadas, cuando el Sr. G llamó a la puerta del jardín. Tras los saludos, he seguido con mi tarea. El Sr. G se puso a recoger los restos a medida que éstos iban cayendo al suelo. Le he mostrado algunas hojas arrugadas por causa de los minadores, explicándole cómo las marcas impresas en ellas permitían distinguir las distintas fases del desarrollo larvario de estos insectos.
El Sr. G me ha escuchado con atención, mientras arrancaba una naranja del árbol y empezaba a pelarla para comérsela. He seguido contándole que los minadores no suelen afectar a los frutos, pero que afeaban mucho las hojas. 
El Sr. G me ha mirado muy extrañado, y ha dicho que no entendía cómo podía juzgarse fea una cosa que había sido hecha sin intención de afear.



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