viernes, 18 de octubre de 2013

57. EL LENGUAJE DE LAS FLORES: LOS MENSAJEROS


Las pileas florecen a principio del otoño.
Ellas confían al viento la dispersión del polen
Las flores son los órganos reproductores de las plantas. Esto lo hemos oído decir miles de veces, al menos quienes hemos tenido la fortuna de ir a la escuela. Pero lo curioso de las flores, y lo menos conocido quizá, es que sus diseños no funcionan como reclamo entre congéneres, al contrario de lo que cabría esperar.

Las plantas no pueden desplazarse para propiciar la ocasión del encuentro sexual con otras plantas del sexo opuesto, dado que sus raíces las mantienen ancladas en el suelo. Establecerse en tierra firme fue un gran paso evolutivo para las plantas, como ya sabemos (→13), que trajo consigo este nuevo reto: ¿cómo asegurar la reproducción sexual en tales condiciones de inmovilidad forzosa, evitando por otra parte las opción más fácil, la autofecundación(→42), por sus indeseables consecuencias evolutivas?

Así, las plantas debieron ingeniárselas para aprovecharse de la movilidad de los demás, diseñando sus flores en función de estos necesarios "mensajeros".

En primer lugar confiaron simplemente en el viento. Muchas plantas descendientes de aquellas aún lo hacen, como la pilea (pilea cadierei). Dado que el viento no tiene órganos sensoriales, la pilea no se molesta en elegir ostentosos diseños: producen flores sencillas, diminutas, privadas de color y de olor. Con estos diseños más o menos económicos compensan el alto coste que supone producir una cantidad ingente de polen para asegurarse de que al menos uno de ellos sea arrastrado al lugar adecuado en el momento oportuno. Las pileas son una clase de ortigas tropicales, sin veneno urticante. Ellas eligen para sus flores masculinas un diseño que los botánicos llaman inflorescencias "cimosas", con el que persiguen simplemente una mejor dispersión por el viento, de forma escalonada a medida que las flores van madurando progresivamente.

Otras plantas, para evitar el derroche de polen y el riesgo de fracaso que comporta la mensajería tan azarosa del viento, se esforzaron en crear estimulantes diseños, sofisticados y costosos, con los que despertar el deseo de los No-plantas que frecuentaban su entorno, con el fin de captarlos como mensajeros. Por ellos aumentaron el tamaño de los pétalos de sus flores, los colorearon y los perfumaron.  

Es el caso de plantas como el romero (rosmarinus officinalis). Esta planta tiñe sus pétalos con colores de la gama del azul que atraen particularmente a las abejas.

Dado que todo mensajero exige su salario, el romero tiene que asumir una parte de pérdida, ofreciendo a cambio néctar e incluso parte del polen, con tal de asegurarse de que las abejas transportarán la parte restante a otro romero en el vecindario.



una abeja de la miel polinizando las flores
de mi romero ayer por la mañana



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