viernes, 4 de octubre de 2013

54. PIES DE OTOÑO


Esta mañana he salido a barrer las flores de la Rosa de Siria (hibiscus syriacus). Desde que empezó a florecer, hace un par de semanas, repito esta tarea todos los días, incluso dos veces al día. Planté este hibisco quince años atrás, a partir de un esqueje, al pie de la escalera que sirve de acceso al porche de entrada a la casa. Produce cientos de flores pero, como es común en los hibiscos, cada una de ellas dura sólo un día una vez abierta. Lo que significa que el camino de entrada y los primeros escalones están siempre cubiertos, en esta época del año, por una alfombra de color malva azulado.

Así, la actividad repetitiva de barrer alrededor del pie de la Rosa de Siria marca para mí el inicio del otoño. Me asombra tanto la perseverancia de esta planta como el despilfarro cotidiano de cientos de flores que nunca llegan a fructificar.

Esta vez, después de amontonar los restos con la escoba, he hundido mis pies descalzos entre los pétalos marchitos (26 y 29), sintiendo su tacto blando, templado y húmedo. Y entonces me he acordado de lo que dijo Rostand, que todo placer es placer de amor.
La floración de la Rosa de Siria (hibiscus syriacus) marca el inicio del otoño


2 comentarios:

  1. Gracias x las flores. Y gracias x el jardín, y por la sencillez de esos pétalos y la imagen de la perseverancia encarnada en la naturaleza

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  2. Cher jardinier,
    je vous joins mon dernier poème, sans doute est-il très d'oïl pour vous tout là-bas, mais peut-être sonnera-t-il encore oui à vos oreilles ?

    il lança la plus haute note qui fût
    le joueur de flûte – elle était fée

    nul ne venait

    elle tint la note jour et nuit
    la flûte féérique

    nul ne venait

    elle arma l’air de vent et d’or
    la note bleue – peut-être un do

    nul ne venait

    lors il entra dans la forêt
    la clairière les découvrit

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