domingo, 27 de octubre de 2013

58. HONGOS


Setas minúsculas en la jardinera de las anémonas
El Sr. G. ha llegado esta mañana cuando yo me disponía a sacar de paseo a mi perro. El ha querido acompañarnos. Mi perro y yo hemos adaptado entonces nuestro ritmo de marcha a los pasos renqueantes del Sr. G. Al pasar junto a un árbol muerto, hemos descubierto dos tipos de setas, unas en forma de amasijo al pie del tronco, y otras fijadas a lo largo de la corteza, semejantes a diminutas lenguas salientes (ver fotos abajo). Hemos observado con tristeza el árbol muerto, comentando cómo las actuales políticas de austeridad conllevaban no sólo el deterioro del bienestar de los ciudadanos sino también el de los árboles y los jardines urbanos.

Luego, al volver a mi casa, el Sr. G y yo hemos descubierto unas setas formando curiosas agrupaciones e hileras en la jardinera de donde planté recientemente las anémonas de Caen (→53). Yo he tenido que ponerme las gafas de leer para poder verlas con más claridad debido a su minúsculo tamaño. Entonces he explicado al Sr. G que las setas son la parte aérea, y por tanto más o menos visible, del cuerpo de los hongos. Los hongos no son ni plantas, ni animales ni algas. Parecen plantas pero no producen hojas, ni tallos, ni raíces ni flores. Las paredes exteriores de su cuerpo son quitinosas como las de los insectos, a través de las cuales absorben al alimento como algunos gusanos parásitos, pero no son ni lo uno ni lo otro. Los hongos se asemejan en cierto modo a las algas, pero no producen ni clorofila ni carotenos, razón por la cual necesitan alimentarse de otros seres vivos, como los animales, pero tampoco son animales.

Y el Sr. G respondió: "Los hongos se alimentan de los restos de otras criaturas seguramente porque no pueden hacer otra cosa, ya que ellos mismos son un resto, una reliquia, el resto necesario que da coherencia a la clasificación de los seres vivos. Lo contrario de "derecha" es "izquierda", lo contrario de "alto" es "bajo", pero ¿qué es lo contrario de "resto"? 

Yo no tenía ni idea de cómo responder a esta pregunta, así que opté por quedarme callado. Y el Sr. G continuó: "Como dijo el filósofo Baudrillard, lo contrario de resto sólo puede estar hecho de resto, es decir, sólo puede ser el "resto del resto". El resto y su opuesto forman una estructura reversible, como el reflejo en un espejo".

Por último, mientras se despedía, el Sr. G concluyó: "Los hongos son, en cierta manera, como los sueños. O como la locura".


Estas son las setas que el Sr. G y yo encontramos en un árbol muerto mientras paseábamos por la calle.



viernes, 18 de octubre de 2013

57. EL LENGUAJE DE LAS FLORES: LOS MENSAJEROS


Las pileas florecen a principio del otoño.
Ellas confían al viento la dispersión del polen
Las flores son los órganos reproductores de las plantas. Esto lo hemos oído decir miles de veces, al menos quienes hemos tenido la fortuna de ir a la escuela. Pero lo curioso de las flores, y lo menos conocido quizá, es que sus diseños no funcionan como reclamo entre congéneres, al contrario de lo que cabría esperar.

Las plantas no pueden desplazarse para propiciar la ocasión del encuentro sexual con otras plantas del sexo opuesto, dado que sus raíces las mantienen ancladas en el suelo. Establecerse en tierra firme fue un gran paso evolutivo para las plantas, como ya sabemos (→13), que trajo consigo este nuevo reto: ¿cómo asegurar la reproducción sexual en tales condiciones de inmovilidad forzosa, evitando por otra parte las opción más fácil, la autofecundación(→42), por sus indeseables consecuencias evolutivas?

Así, las plantas debieron ingeniárselas para aprovecharse de la movilidad de los demás, diseñando sus flores en función de estos necesarios "mensajeros".

En primer lugar confiaron simplemente en el viento. Muchas plantas descendientes de aquellas aún lo hacen, como la pilea (pilea cadierei). Dado que el viento no tiene órganos sensoriales, la pilea no se molesta en elegir ostentosos diseños: producen flores sencillas, diminutas, privadas de color y de olor. Con estos diseños más o menos económicos compensan el alto coste que supone producir una cantidad ingente de polen para asegurarse de que al menos uno de ellos sea arrastrado al lugar adecuado en el momento oportuno. Las pileas son una clase de ortigas tropicales, sin veneno urticante. Ellas eligen para sus flores masculinas un diseño que los botánicos llaman inflorescencias "cimosas", con el que persiguen simplemente una mejor dispersión por el viento, de forma escalonada a medida que las flores van madurando progresivamente.

Otras plantas, para evitar el derroche de polen y el riesgo de fracaso que comporta la mensajería tan azarosa del viento, se esforzaron en crear estimulantes diseños, sofisticados y costosos, con los que despertar el deseo de los No-plantas que frecuentaban su entorno, con el fin de captarlos como mensajeros. Por ellos aumentaron el tamaño de los pétalos de sus flores, los colorearon y los perfumaron.  

Es el caso de plantas como el romero (rosmarinus officinalis). Esta planta tiñe sus pétalos con colores de la gama del azul que atraen particularmente a las abejas.

Dado que todo mensajero exige su salario, el romero tiene que asumir una parte de pérdida, ofreciendo a cambio néctar e incluso parte del polen, con tal de asegurarse de que las abejas transportarán la parte restante a otro romero en el vecindario.



una abeja de la miel polinizando las flores
de mi romero ayer por la mañana



domingo, 13 de octubre de 2013

56. AMARILLO O ROJO


El Sr. G vino esta mañana acompañado de su nieta, pues quería que ésta viese el granado (→55). Los hice pasar al jardín de atrás y nos sentamos allí un buen rato, a la sombra del árbol. La niña llevaba un vestido de color rojo muy intenso que acentuaba aún más su palidez habitual. Mientras el Sr. G y yo la observábamos en silencio moverse por el jardín, me pregunté dónde estarían sus padres, y porqué vivía con su abuelo en vez de con ellos, sin atreverme no obstante a formular en voz alta tales preguntas. Hay algo en ella que me resulta familiar y no sabría decir qué.

La niña prestó poca atención al granado. Sin embargo, los colores otoñales de las hojas de la parra virgen (parthenocissus quinquefolia), unas amarillas y otras anaranjadas, o incluso rojas, atrajeron durante un rato su interés. Apenas las tocaba, las hojas se desprendían de las ramas y se caían al suelo. Entonces ella se volvió hacia mí y me preguntó porqué se caen las hojas en otoño.

Le dije que eso pasa sólo a ciertas plantas y árboles, como mecanismo de defensa ante el hambre que padecen en esta época del año. A medida que las horas de luz se reducen y que la tierra se enfría, muchas plantas ya no pueden obtener ni a través de las hojas ni a través de las raíces alimento suficiente para mantener vivo todo el follaje que han producido durante el verano. El estrés que les produce el hambre desencadena en su organismo la producción de una hormona llamada etileno. Esta sustancia tapona los peciolos de las hojas de forma que impide el paso de savia hacia ellas, dado que ya apenas les sirven. El etileno fragiliza además el peciolo hasta el punto de que, cualquier roce o incluso un ligero soplo de viento las hace caer.
Privadas de savia, las hojas interrumpen la fotosíntesis de manera que la clorofila, que es lo que da el color verde a las hojas, se degrada. A medida que desaparece la clorofila, se hacen visibles otros colores, amarillos o rojos, que normalmente están enmascarados bajo el color verde. Estos colores otoñales los producen sustancias un poco más resistentes -y que por tanto se degradan más lentamente- que la clorofila. Una vez desprovistas de sus hojas, las plantas reducen al máximo todas sus actividades, dormitando hasta la llegada de la primavera. La alfombra de hojas muertas protege sus raíces del frío al tiempo que enriquecen el suelo con futuros nutrientes.

Cuando terminé mi explicación, la niña continuó con su juego, amontonando las hojas marchitas de la parra en dos pequeños montículos, uno amarillo y otro rojo anaranjado. El Sr. G se mantuvo en silencio mucho rato, pensativo. Y entonces, saliendo por la vía de Tarifa, como él suele hacer, me dijo: "Jesús de Nazaret tenía la piel blanquísima como la de su madre y sin nada de vello, con reflejos amarillos debido a un exceso anómalo de bilirrubina en la sangre. Por el contrario su hermano Juan nació cubierto de lanugo rojizo. Al tacto era sedoso, pero a la vista parecía un leño de corteza rugosa y roja como la de los tejos, y por eso lo llamaron Juan". Yo me quedé sin saber qué decir ante tal desvarío. Pero como él esperaba visiblemente una reacción de mi parte, le comenté: "Has dicho hermano, en vez de primo". A lo que el Sr. G contestó lacónicamente: "¿De veras? Disculpa, quise decir primo y hermano".

Un golpe repentino de viento dispersó las hojas de parra que la niña acababa de terminar de apilar. El Sr. G decidió que era momento de marcharse. Cogió de la mano a su nieta y ambos se despidieron, saliendo esta vez por la puerta de atrás.






jueves, 10 de octubre de 2013

55. DOS GRANADAS


En los jardines de clima mediterráneo como el mío, en los que en octubre aún sigue haciendo mucho calor, el otoño se manifiesta de todas maneras por muchos signos. Al terminar el verano, las plantas ponen en marcha los protocolos del otoño en cuanto perciben los primeros cambios en la duración, la intensidad y la inclinación de la luz del sol. La mayoría deja de producir nuevas ramas y hojas, y empieza a sumirse en un periodo de letargo, invitando también al jardinero a un cierto reposo, al menos en lo que respecta a las tareas de recorte y mantenimiento. Las bulbosas, por su parte, aprovechan este parón en sus rivales para brotar y comenzar su nuevo ciclo (→53). Algunas plantas florecen antes de aletargarse, como la rosa de Siria (→54) y otras culminan la maduración de sus frutos, tiñéndolos de colores rojos y amarillos, como los rosales (→52), los manzanos y también los granados.

Mi granado (punica granatum) ha dado este año sólo dos granadas. Es una variedad rústica, con ramas armadas con muchas espinas. Por esta razón lo planté en el jardín trasero. Me lo regaló un vecino a las pocas semanas de instalarme en esta casa. Este año ha dado muy pocos frutos debido a que le hice una gran poda un par de años atrás, pues estaba ocupando demasiado espacio en el jardín. Los granados sólo producen flores y frutos sobre las ramas viejas, sobre todo en las extremos de aquellas ramas más externas. Por eso conviene podarlos poco o nada, apenas unos recortes de mantenimiento periódicamente que aligere un poco el follaje, eliminando sobre todo las ramas secundarias que crecen en el interior de la copa.

Los botánicos clasifican las granadas como frutos secos indehiscentes ("que hay que abrirlos", → 16), en el mismo "cajón" que otros frutos secos otoñales como las nueces y las avellanas, pero con la particularidad de que las granadas son de un tipo llamado "balausta", con muchas semillas encerradas en una cáscara relativamente menos gruesa y menos dura .

Al recoger las dos granadas, reservé una para el Sr. G. El domingo pasado, cuando vino a visitarme, se la ofrecí. Se puso contentísimo. Mientras conversábamos, durante el tiempo que duró su visita, sostuvo el fruto en su mano como si se tratase de un saquito lleno de rubíes. Al irse me dijo, admirando la granada : "Así como este fruto es cada uno de nosotros: una multiplicidad con apariencia de unicidad". Imaginaba que se refería al hecho de que cada granada contiene una multitud de semillas, pero como yo no entendía bien lo que quería decir con eso, insistí un poco para que se explicara. El Sr. G me cortó diciendo: "Mis palabras tienen que ser breves. Adiós".


Detalles del interior de una granada (izquierda) y del tronco del granado en el jardín de atrás.


En esta foto se puede apreciar el tamaño mucho menor de los frutos
de la variedad enana respecto a la granada común.




viernes, 4 de octubre de 2013

54. PIES DE OTOÑO


Esta mañana he salido a barrer las flores de la Rosa de Siria (hibiscus syriacus). Desde que empezó a florecer, hace un par de semanas, repito esta tarea todos los días, incluso dos veces al día. Planté este hibisco quince años atrás, a partir de un esqueje, al pie de la escalera que sirve de acceso al porche de entrada a la casa. Produce cientos de flores pero, como es común en los hibiscos, cada una de ellas dura sólo un día una vez abierta. Lo que significa que el camino de entrada y los primeros escalones están siempre cubiertos, en esta época del año, por una alfombra de color malva azulado.

Así, la actividad repetitiva de barrer alrededor del pie de la Rosa de Siria marca para mí el inicio del otoño. Me asombra tanto la perseverancia de esta planta como el despilfarro cotidiano de cientos de flores que nunca llegan a fructificar.

Esta vez, después de amontonar los restos con la escoba, he hundido mis pies descalzos entre los pétalos marchitos (26 y 29), sintiendo su tacto blando, templado y húmedo. Y entonces me he acordado de lo que dijo Rostand, que todo placer es placer de amor.
La floración de la Rosa de Siria (hibiscus syriacus) marca el inicio del otoño