domingo, 1 de septiembre de 2013

50. LA MÁSCARA


Mientras sacaba de paseo al perro, he encontrado una planta abandonada junto al contenedor de la basura. Se trata de un ejemplar de liríope, en muy buen estado, en plena floración. La he recogido inmediatamente y me la he llevado a casa. Convendría dividirla en varias matas y trasplantar cada una por separado.

La división en matas de las plantas tuberosas o rizomatosas es muy sencilla. Basta cortar el cepellón, con un cuchillo afilado, en varias porciones, como si se tratase de un bizcocho, y luego plantar cada porción en una nueva maceta, añadiendo tierra y apretando bien ésta alrededor de los rizomas. Pero he pensado que lo mejor es posponer esta tarea hasta que concluya el ciclo de floración. Le estaba quitando las hojas marchitas cuando he visto una coronilla blanca que me resultaba muy familiar, asomando por encima de la puerta del jardín.

El Sr. G ha vuelto por fin. Me ha traído una máscara africana que había comprado para mí en un mercadillo de Sémera, en la región de Afar. Me contó que hubo una estirpe de pobladores en esa región cuya piel era de color blanco translúcido como el de las flores de la liríope. La palabra liríope, que proviene del nombre de la madre de Narciso, significa precisamente, por lo visto, "cara blanca". De esta estirpe  procedía, según el Sr. G, el rey mago Baltasar, que no era negro sino todo lo contrario. Para que sus caras no se quemaran con los rayos del sol, como un día le ocurriera a Sémele al percibir la luz de Zeus, esta gente blanca se cubrían el rostro con un barro negro especial extraído de los márgenes del Nilo, o a veces con máscaras talladas en cortezas de árbol que acentuaban su aspecto fantasmal . El Sr. G sostenía que estos singulares etíopes eran guardianes de una misteriosa capa partida en dos, una de cuyas partes había tenido que ser trasladada desde el vientre de un volcán a una profunda sima submarina.

Mientras recogía los restos de la liríope, contuve una sonrisa al ver la cara tan seria con la que el Sr. G narraba sus fantasías sobre Etiopía. Agradeciéndole el regalo de la máscara, le dije: "Estoy muy contento de que hayas vuelto. Echaba mucho de menos tus enseñanzas". Tuve cuidado de elegir la palabra "enseñanzas" para referirme a sus extrañas historias, pero él respondió: "Oh, en realidad no son enseñanzas, sino más bien recitaciones".



La liríope encontrada junto al contenedor de la basura, antes y después de liberarla de las hojas dañadas o marchitas.
Después de la floración la dividiré en dos o tres matas.

detalle de flor de liríope

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