domingo, 25 de agosto de 2013

48. EL JARDIN CREADOR


 FRUTOS DE BALSAMINA
en distintas fases de maduración
Esta mañana he recogido algunos frutos de las balsaminas (→ 7 y 27) para guardar las semillas. Los he manipulado con mucha delicadeza para que no estallen como suelen hacer. Evito así que las semillas se dispersen al azar por cualquier parte del jardín. Mientras hacía este trabajo, estuve pensando en cómo reconfortar a un amigo que me había escrito recientemente para preguntarme, desesperado, qué debía hacer para evitar que ciertas plantas proliferasen por su cuenta en lugares no previstos para ellas, alterando el diseño del jardín. En concreto mi amigo se refería a un tipo de bignonia (campsis radicans) que su paisajista había escogido inicialmente para cubrir una pérgola. A lo largo del verano esta trepadora había surgido y resurgido por muchos otros puntos del jardín, a pesar de los esfuerzos de mi amigo para impedírselo.

Las bignonias son plantas potentes, con un temperamento muy dominante. Producen abundantes vainas llenas de semillas aladas, dispuestas unas sobre otras a la manera de hojas de un libro. Estas semillas vuelan con el viento y allí donde caen germinan con mucha facilidad. Además, las bignonias se multiplican asexualmente produciendo vástagos que brotan directamente desde las raíces extendidas alrededor de un área bastante grande. Así, en una confrontación (quiero decir, en una guerra limpia) contra el jardinero, la bignonia normalmente siempre acaba venciendo, tales son sus deseos de expansión y su tenacidad. Pensé que esto último no debía comentárselo a mi amigo, para no desanimarlo, sino que en lugar de eso le plantearía dos soluciones, para que él pudiese elegir la que más le conviniese.

En un caso, el jardinero considera su jardín como una obra ya acabada. Todos sus esfuerzos están destinados a mantenerlo, conservando en la medida de lo posible su estado original. Ante cualquier "antisistema" (insectos, plantas invasoras, etc.), este jardinero busca los culpables, los erradica y se ocupa inmediatamente de restaurar el jardín siguiendo el modelo establecido.

En el otro caso, el jardinero considera su jardín como una obra inacabada. No se enfada con las criaturas no-plantas que contrarían sus planes (→ 21 y 46), ni tampoco con aquellas plantas que transgreden el orden establecido (→ 10), al instalarse en espacios que no les corresponden. Este jardinero tiene la misión no de conservar sino, al contrario, de transformar el jardín constantemente, atento no sólo a sus propios deseos cambiantes, sino también, dentro de sus posibilidades, a los de aquellos seres vivos que lo pueblan.

Una bandada de abejarucos (Merops apiaster) sobrevoló de pronto mi jardín, distrayéndome de mis pensamientos. Hace cuatro meses que los vi pasar, siguiendo la misma dirección pero en el sentido opuesto, preparándose ahora para el regreso a África. Después de fotografiar los frutos de la balsamina para mostrároslos, me he ido a buscar el teléfono para llamar a mi amigo. Él se quedó en silencio después de haber escuchado atentamente mis dos propuestas, y luego me dijo que probablemente arrancaría la bignonia y plantaría otra trepadora menos invasiva en su lugar. Volvería a llamarme otro día para que le aconsejase una 'buena' trepadora.


Explosión controlada de los frutos de la balsamina, sobre un lecho de arena.


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