viernes, 30 de agosto de 2013

49. LA TORMENTA


Ayer por la tarde no estaba haciendo absolutamente nada cuando de pronto llamaron a la puerta. Pensé que el Sr. G estaba quizá ya de vuelta de su viaje por el cuerno de África. Pero no. Era mi buen amigo M., con su cámara de fotos en ristre. "Vengo a explorar tu jardín", me dijo.  Lo hice pasar y él estuvo escudriñando durante mucho tiempo aquí y allá, sin apenas cruzar palabras conmigo, buscando muestras para sus fotos. Al cabo de un rato, el cielo se cubrió de nubes oscuras y se oyeron varios truenos. Tan pronto como empezó a llover, fui a buscar a mi amigo. Lo encontré bajo la copa de flores blancas del hibisco (Hibiscus arnottianus), inspeccionando, separando con suavidad un tallo del otro.

Le dije: "Flores y una tormenta magnífica encima de nuestras cabezas".






*

Estas son algunas de las fotos que hizo M. durante su expedición por mi jardín. Hay más trabajos suyos en http://picturegraphic.blogspot.com.es/p/fotografia.html









domingo, 25 de agosto de 2013

48. EL JARDIN CREADOR


 FRUTOS DE BALSAMINA
en distintas fases de maduración
Esta mañana he recogido algunos frutos de las balsaminas (→ 7 y 27) para guardar las semillas. Los he manipulado con mucha delicadeza para que no estallen como suelen hacer. Evito así que las semillas se dispersen al azar por cualquier parte del jardín. Mientras hacía este trabajo, estuve pensando en cómo reconfortar a un amigo que me había escrito recientemente para preguntarme, desesperado, qué debía hacer para evitar que ciertas plantas proliferasen por su cuenta en lugares no previstos para ellas, alterando el diseño del jardín. En concreto mi amigo se refería a un tipo de bignonia (campsis radicans) que su paisajista había escogido inicialmente para cubrir una pérgola. A lo largo del verano esta trepadora había surgido y resurgido por muchos otros puntos del jardín, a pesar de los esfuerzos de mi amigo para impedírselo.

Las bignonias son plantas potentes, con un temperamento muy dominante. Producen abundantes vainas llenas de semillas aladas, dispuestas unas sobre otras a la manera de hojas de un libro. Estas semillas vuelan con el viento y allí donde caen germinan con mucha facilidad. Además, las bignonias se multiplican asexualmente produciendo vástagos que brotan directamente desde las raíces extendidas alrededor de un área bastante grande. Así, en una confrontación (quiero decir, en una guerra limpia) contra el jardinero, la bignonia normalmente siempre acaba venciendo, tales son sus deseos de expansión y su tenacidad. Pensé que esto último no debía comentárselo a mi amigo, para no desanimarlo, sino que en lugar de eso le plantearía dos soluciones, para que él pudiese elegir la que más le conviniese.

En un caso, el jardinero considera su jardín como una obra ya acabada. Todos sus esfuerzos están destinados a mantenerlo, conservando en la medida de lo posible su estado original. Ante cualquier "antisistema" (insectos, plantas invasoras, etc.), este jardinero busca los culpables, los erradica y se ocupa inmediatamente de restaurar el jardín siguiendo el modelo establecido.

En el otro caso, el jardinero considera su jardín como una obra inacabada. No se enfada con las criaturas no-plantas que contrarían sus planes (→ 21 y 46), ni tampoco con aquellas plantas que transgreden el orden establecido (→ 10), al instalarse en espacios que no les corresponden. Este jardinero tiene la misión no de conservar sino, al contrario, de transformar el jardín constantemente, atento no sólo a sus propios deseos cambiantes, sino también, dentro de sus posibilidades, a los de aquellos seres vivos que lo pueblan.

Una bandada de abejarucos (Merops apiaster) sobrevoló de pronto mi jardín, distrayéndome de mis pensamientos. Hace cuatro meses que los vi pasar, siguiendo la misma dirección pero en el sentido opuesto, preparándose ahora para el regreso a África. Después de fotografiar los frutos de la balsamina para mostrároslos, me he ido a buscar el teléfono para llamar a mi amigo. Él se quedó en silencio después de haber escuchado atentamente mis dos propuestas, y luego me dijo que probablemente arrancaría la bignonia y plantaría otra trepadora menos invasiva en su lugar. Volvería a llamarme otro día para que le aconsejase una 'buena' trepadora.


Explosión controlada de los frutos de la balsamina, sobre un lecho de arena.


domingo, 18 de agosto de 2013

47. ROJO INGLÉS



"Os voy a contar una historia, dijo.
¿Es una historia verdadera? le pregunté.
Él pensó un poco: "Es una historia soñada, por lo tanto,
en cierto modo, es más verdad que la realidad"
(Le Clézio, Tempête: deux nouvelles).


He dedicado la mañana a decorar con pintura roja algunos tiestos de barro que estaban demasiado estropeados por la cal del agua. He elegido el color rojo inglés. Mientras pintaba los tiestos, ha venido mi hijo pequeño con una cría de jilguero que acababa de encontrar al pie del ciprés. Le hemos dado de beber un poco de agua y después lo hemos dejado en una rama del árbol, esperando que sus progenitores volviesen pronto a cuidar de él. Entonces mi hijo se ha quedado un rato a observar mi trabajo de pintura. Le he explicado que el color de las macetas me hace pensar en las cabinas de teléfono típicas inglesas, como las que vimos durante una visita que hicimos recientemente a Gibraltar. Mi hijo siguió observándome en silencio y luego se marchó a jugar, mientras yo no podía parar de pensar en Gibraltar. La gente suele llamar a Gibraltar “el Peñón” o simplemente “la Roca”.

De tanto repetir en mi mente la palabra “peñón” empezó a resultarme extraña. Interrumpí mi trabajo para ir a averiguar su etimología. Descubrí que la palabra “peñón” proviene de la raíz *pet, que significa “volar”  o “moverse o surgir de repente y con mucho ruido”. La misma raíz *pet dió lugar a la palabra petra, que significaba “piedra” o “roca”. De vuelta al jardín y al trabajo de pintura, me divirtió mucho imaginar entonces Gibraltar como una Piedra Voladora, recordando la creencia antigua de que la humanidad había surgido de una Piedra que cayó del cielo, arrojada por el nauta Deucalión para recolonizar la tierra. Con este recuerdo, bajo el sopor del mediodía y un poco atufado por el olor de la pintura, me quedé dormido con la brocha en la mano. Soñé con Deucalión y con Pirra, su guapa esposa pelirroja. Decaulión llevaba el mando de la Roca Voladora, pero un fallo le hizo perder el control de la Nao, sin poder impedir que ésta se precipitara hacia la Tierra, desmoronándose en cientos de fragmentos al chocar contra el istmo que unía África a Europa. El istmo se hundió por causa del impacto y las aguas del océano penetraron bruscamente en la cuenca del Mediterráneo, con un caudal mayor que el de diez grandes ríos, al tiempo que se desencadenaban las peores tormentas imaginables.

Tras la catástrofe, la Roca Voladora emergía de las aguas del Estrecho como una gigantesca diadema rota. En el duermevela de la siesta, me acordé también de que los Antiguos llamaban a Gibraltar monte Calpe o Calpé, porque era un monte a la vez escarbado y esculpido. Imaginé o soñé entonces una hueste de hombres pelirrojos horadando el montículo primitivo, agrandándolo y transformándolo para acoger en su seno a los restos de la Roca Voladora. Pretendían así no sólo poner a ésta fuera del alcance de naciones enemigas, sino también borrarla de la memoria de los hombres. Para agrandar el Peñón de Gibraltar utilizaban rocas del monte vecino en la otra orilla, el monte Hacho, de manera que a medida que uno crecía de tamaño, el otro se reducía.

De pronto, en mi alucinación Gibraltar era ahora la isla Ogigia. Calipso, la joven de hermosas trenzas, hija de Atlas, se encargaba de vigilar la cueva donde se ocultaban los restos de la Roca Voladora. Ella permitió a Odiseo entrar, reteniéndolo durante el tiempo suficiente. Ella le había informado del momento preciso del año en que la marea dejaba accesible la cueva de entrada al corazón de la isla. Lo guió a continuación por el laberinto de galerías y permaneció junto al héroe todo el tiempo que fue necesario hasta que comprendiese en su plenitud el enigma de la Roca Voladora, cuidándolo y alimentándolo durante meses mientras esperaban que la entrada de la cueva volviese a estar accesible.

El océano y los fuertes vientos mantenían la entrada de la cueva a salvo de intrusos prácticamente todo el año. Aquellos intrusos que se las arreglaban para entrar en los momentos en que ésta resultaba accesible, esquivando a los feroces porteros, entonces debían además llevar provisiones suficientes para un año y durante ese tiempo interminable afrontar un peligroso laberinto lleno de trampas mortales. En este punto me desperté con el piar impetuoso de los pollitos de los jilgueros en lo alto del ciprés. Durante mi siesta alguien había terminado de pintar las macetas.





Las hojas de las plantas crasas se desprenden con mucha facilidad cuando se las manipula.
Basta depositar estas hojas sobre la tierra para de ellas broten nuevas plantas,
réplicas idénticas de la primera.



domingo, 11 de agosto de 2013

46. COCHINILLAS



Esta mañana he descubierto que la buganvilla estaba infestada de cochinillas algodonosas (coccoidea). Como sus parientes los pulgones (→ 21), mientras se alimentan de la savia de la planta, las cochinillas producen una melaza que ofrecen a las hormigas a cambio de su protección frente a los depredadores (sobre todo mariquitas y avispas parásitas). Esta sustancia pringosa cubre la superficie de las hojas, impidiendo a la planta respirar y hacer la fotosíntesis correctamente. Debilitada por la privación de savia, de oxígeno y de luz, la planta se convierte además en presa fácil para los hongos (fumagina).

Para eliminar las cochinillas, he puesto en marcha varias medidas. En primer lugar he cortado con las tijeras los tallos más afectados. Después he frotado las hojas restantes con un pañuelo impregnado en aceite y vinagre, y también con una brocha humedecida en agua jabonosa. A continuación he limpiado la planta entera con un chorro de agua a presión. Todo se ha secado rápidamente debido a las altas temperaturas de la mañana (30o a la sombra). Por último he tomado varias medidas destinadas a tranquilizar a la buganvilla, con el fin de reducir su vulnerabilidad frente a futuros ataques de insectos. Para ello he trasladado de sitio el Chlorophytum con el que compartía espacio y nutrientes. Tras liberarla de este compañero demasiado dominador, que había crecido de forma excesiva durante mi ausencia, he rellenado el hueco resultante con varios puñados de sustrato.


Una vez concluidos estos trabajos, me he sentado un rato a descansar en el sillón del Sr. G. Él está fuera, de viaje. Me dijo que volvería a finales de agosto. Iba a pasar varias semanas en Semera, en Etiopía. Al notar mi extrañamiento por este destino tan poco habitual para las vacaciones, se justificó diciendo que tenía que cumplir allí una misión. “Es por un viejo asunto acerca de una capa compartida”, explicó, y tras un breve silencio añadió que también aprovecharía para hacer un poco de turismo. Quería enseñar a su nieta el yacimiento arqueológico de Aramis.

Detalles de hojas de buganvilla cubiertas por la melaza que producen las cochinillas


La buganvilla antes y después de ser liberada de un compañero demasiado dominador (Chlorophytum)
5 cabrillas (otala punctata) se habían refugiado al pie del Chlorphytum, esperando que concluyese el verano.
El Chlorophytum en su nuevo emplazamiento, en un tiesto de madera junto al Hibiscus arnottianus.


lunes, 5 de agosto de 2013

45. HE VUELTO


Lantana camara
Al volver a mi jardín, después de las vacaciones, me he sentido como el coronel George Taylor al caer en el planeta de los simios. Pensé que me encontraba en un lugar desconocido, totalmente distinto del jardín del que un día partí, hasta tal punto mis plantas habían cambiado durante mi ausencia, bajo los cuidados del jardinero sustituto. El dondiego de noche (mirabilis jalapa), la lantana (lantana camara), la esparraguera (asparagus aethiopicus), e incluso la maranta (maranta arundinacea) -que jamás había florecido anteriormente-, lucían ahora numerosas flores que yo no había visto ni formarse ni abrirse. Después, cuando he empezado a reconocer una por una todas mis plantas, pese a sus diferentes tamaños actuales, he dicho en voz alta: ¡Oh Dios mío, he vuelto, estoy en casa! Todo este tiempo he estado …