domingo, 9 de junio de 2013

38. LA PIEDRA HUECA




Esta mañana he cortado las flores marchitas del rosal trepador, empezando por el lado que da al interior del jardín y después por el lado de la calle. Estaba terminando esta tarea cuando he visto llegar al Sr. G, con su nieta agarrada de su brazo. En su mano izquierda, el Sr. G portaba un paquete envuelto en papel de celofán. Mientras pasaban al jardín, él ha dicho: “mi nieta y yo hemos pasado unos días en Bretaña, en Irvillac, con mi familia paterna. Te hemos traído unas galletas”.
Me ha hecho muy feliz este gesto. He preparado té y zumos y nos hemos sentado en el porche a comer las galletas. Mientras el Sr. G y yo encadenábamos una conversación con otra, sentados uno frente a otro, la niña se distraía deshojando y reuniendo los pétalos de las rosas marchitas, sin levantar en ningún momento la cabeza. La pequeña sólo detuvo su tarea cuando oyó a su abuelo anunciar que iba a contarnos un viejo cuento bretón que él mismo había oído contar a su abuela.
El Sr. G dijo: “Hubo una vez una gran piedra redonda y plana. En su lado plano había una inscripción que decía ‘quien me dé la vuelta ganará’. Todo el mundo se apresuraba a levantarla pero entonces del otro lado se veía otra inscripción que decía: ‘quien me ha dado la vuelta no ha ganado nada”. Un día, Fulano de Tal levantó la piedra y la cargó en su carreta. Una vez en su cabaña rompió la piedra en pedazos. La piedra estaba hueca y en su interior encontró un lingote de oro”. El Sr. G concluyó su cuento diciendo que ese personaje anónimo encarnaba a toda persona capaz de pensar de un modo distinto, capaz de ver lo que ya nadie ve y de oír lo que ya nadie oye.

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