domingo, 26 de mayo de 2013

34. ANTES O DESPUÉS


Cuphea ignea


El Sr. G estuvo hoy más silencioso que de costumbre. Parecía un tanto melancólico pero no me atreví a preguntarle nada. Creo que viene los domingos a mi jardín precisamente para eso, para estar un rato callado, tranquilamente, sin que nadie le moleste.
Mi jardín es quizá para él como una partida de ajedrez, el pretexto idóneo para estar solo y a la vez acompañado, para estar ocioso sintiéndose ocupado… aunque solo sea ocupado en observarme trabajar.
Le ofrecí unos nísperos, que él aceptó. Mientras él comía, absorto en sus pensamientos, he pasado un buen rato recortando el césped y quitando hojas y flores marchitas. He abonado las alstroemerias, las balsaminas, el jazmín y los rosales, mezclando un poco de fertilizante líquido en el agua de la regadera. He mostrado al Sr. G las primeras flores de la planta cigarro (cuphea ígnea). Él ha asentido con un gesto de la cabeza. A continuación he recortado la Rosa de Siria (Hibiscus syriacus), que ya ha empezado a expandirse como suele hacer a partir de estas fechas, obstaculizando la escalinata de acceso a la casa.
De pronto el Sr. G me ha llamado para hacerme notar que algunos capullos del rosal amarillo “Diamond jubilee” están cubiertos de pulgones. Entonces he entrado en casa a coger la cámara de fotos y a preparar una mezcla de agua jabonosa en un bote con pulverizador. Con esta mezcla he lavado varias veces los capullos, hasta dejarlos limpios de pulgones. He hecho unas fotos antes y después de lavarlos. Como el Sr. G se ha extrañado mucho al verme fotografiar los capullos de esta forma, le he explicado que lo hacía para enseñar a los lectores de mi blog el antes y el después. Haciendo con la cara un gesto de sorpresa, él ha dicho: “no digas antes y después sino antes o después, porque este rosal que ahora está limpio volverá a llenarse de pulgones”. Y luego, señalando una por una mis plantas, añadió: “ese crisantemo que has despojado de sus flores marchitas volverá a florecer y esas ramas que has recortado al hibisco volverán a brotar”.
Con estos comentarios, el Sr. G pareció animarse. Se levantó de la silla y, poniéndome una mano en el hombro, siguió diciendo: “Lo mismo podemos decir de nuestras vidas: yo vengo a tu jardín porque ya vine y ocurrirá aquí lo que ya ocurrió. El futuro es pasado. El presente está roto en varios presentes que se suceden en un mismo y único espacio”.
 Después de decir esto volvió a sentarse y permaneció en silencio el resto del tiempo. Mientras yo continuaba trabajando lo miraba de reojo de vez en cuando. A ratos parecía una esfinge. Nunca pensé que las esfinges pudiesen ser personas reales, tangibles. Ahora empiezo a intuir qué clase de criaturas son, aunque debo reconocer que nunca las imaginé como un anciano de aspecto frágil.








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