domingo, 21 de abril de 2013

24. BAJO TIERRA

"Cuando ocultamos bajo tierra la verdad, ésta se incuba ahí 
y adquiere una fuerza tal que, el día que estalla, 
lo hace saltar todo con ella"... [Émile Zola]

pie de agapanto (agapanthus africanus)
Cuando el Sr. G llegó esta mañana, yo estaba cortando el césped, que ha crecido mucho en estos días tan calurosos. Se trata solo una franja de medio metro de ancho por unos 2,5 m de largo, en el borde izquierdo del camino de entrada. Es en esta franja donde mi perro se acuesta a tomar el sol, y donde tengo una única silla, que usa casi exclusivamente el Sr. G.

Como de costumbre, después de los saludos, mostré al Sr. G las novedades del jardín, empezando por el cajón donde sembré las patatas hace unos días. Aún no había brotado nada, de manera que sólo se veía, por el momento, la tierra oscura. Le comenté que, al igual que las patatas, muchas plantas esconden sus tallos bajo tierra. Gracias a esta estrategia, pueden colonizar terrenos donde las condiciones de vida son muy duras en ciertos periodos del año. Bajo tierra, las yemas quedan protegidas del frío o del sol excesivo y de los mordiscos de los animales herbívoros.

Los tallos ocultos adoptan, además, distintas formas (tubérculos, rizomas, cormos y bulbos), especializadas en el almacenamiento de agua, de azúcares y de carbohidratos. Es relativamente fácil distinguir qué plantas ocultan sus tallos bajo tierra, sin necesidad de desenterrarlas.

Por lo general, las plantas con tallos subterráneos se reconocen porque los peciolos de sus hojas salen directamente del suelo, una a una (como las aspidistras) o en matas (como las calas y los agapantos).

El Sr. G mostró mucho interés por estos hábitos subterráneos de las plantas y quiso mirar con detalle los pies de mis agapantos. Le expliqué que estas plantas suelen crecer en los márgenes de ríos o de lagos, de manera que sus tallos ocultos contribuyen a la fijación del terreno.

Entonces el Sr. G dijo que los seres humanos éramos como agapantos. Según él, las principales poblaciones del mundo se instalaron desde el principio en terrenos fangosos, ya que en estos parajes encontraban el barro y las plantas necesarios para curarse y para fabricar utensilios. Sobre estos terrenos después construyeron ciudades visibles, como lo son las hojas de mis agapantos, mientras que bajo el suelo ocultaban las yemas de ciudades invisibles.

“Es la paradoja de toda sepultura”, dijo, “que a la vez que oculta al muerto lo muestra y lo señala”. Esta metáfora creo que la entendí, pero luego siguió: “Los muertos que más retornan al recuerdo son aquellos que fueron enterrados demasiado profundamente o demasiado rápidamente, sin el debido funeral”.






No hay comentarios:

Publicar un comentario