domingo, 28 de abril de 2013

26. ELOGIO DE LA FLOR MARCHITA

Adonis cantó:
"La realidad es la flor más marchita
en el jardín de las palabras"

 .


Hoy el Sr. G ha querido colaborar conmigo en la tarea de quitar flores marchitas. Él se ha ocupado sólo de las rosas, mientras que yo me he ocupado de todo lo demás.
Sin las flores marchitas, la energía que las plantas ahorran en mantenerlas hasta el proceso final de fructificación o de secado se reinvierte en la producción de más flores o de nuevos tallos. Mientras hacíamos este trabajo juntos, el Sr. G me planteó una adivinanza.
Dijo: “Adivina de qué se trata: es una criatura poderosa, creada antes del diluvio, sin carne ni hueso, sin venas ni sangre, sin cabeza y sin pies; nunca será más vieja ni más joven de lo que fue al principio”. Yo no tenía ni idea de qué responder. Al notar mi gesto interrogativo, el Sr. G dijo que se trataba del Pez gigante de la Sabiduría, el mismo que se tragó a Jonás. Este "pez" se representa la mayoría de las veces como una ballena o como un cachalote blanco, y a veces como un atún o un salmón colosal. Según el Sr. G, un poeta llamado Taliesín, que era joven y a la vez viejo, que estaba muerto y a la vez vivo, pasó nueve meses en la barriga de este "pez" gigante,  hasta conseguir averiguar que antes que Adán fue el futuro en que éste será creado. Por este pez muchos hombres y mujeres sabios se han hecho pescadores (o al revés).  
Como yo no entendía nada de lo que el Sr. G decía, le pregunté cómo era posible que ese tal Tailesín fuese a la vez joven y viejo.  EL Sr. G respondió, mostrándome la rosa roja marchita que tenía en sus manos, que nada nace ni muere realmente, puesto que todo es transformación de un preexistente.  Existe sólo lo que subsiste; todo es renovación. "¿Y dónde vive este pez?", le pregunté. Y él respondió tapándose la boca con un dedo, en señal de silencio. Y enseguida cambió de tema.

Según el Sr. G  lo mismo que con las rosas ocurría con nuestras vidas. La resurrección era la consecuencia inevitable del eterno retorno. Nuestras vidas recomienzan una y otra vez de tal forma que, aun siendo siempre la misma, pequeñas variaciones hacen que cada una de nuestras vidas sea lo suficientemente distinta para impedirnos llegar a ser conscientes del hecho de que vivimos vidas repetidas. Los cambios de una a otra de nuestras vidas son, por lo visto, son tan graduales como en la evolución de las especies animales y vegetales: hace falta comparar un individuo y su precursor con una distancia de miles de años para poder percibir que ambos son individuos distintos entre sí, incluso especies distintas. Después de esto el Sr. G ha seguido disparatando un rato más. Cuando terminó de cortar las rosas marchitas se sentó en su silla y se mantuvo en silencio mirándome trabajar.





jueves, 25 de abril de 2013

25. CULTIVANDO FRAGMENTOS




esquejes de salvia mejicana (salvia microphylla)
Hace un par de días, paseando con unos amigos por mi barrio, hemos encontrado un arbusto de salvia mejicana (salvia microphylla) en un solar abandonado. Este solar albergaba, durante la época de la gran burbuja inmobiliaria, una oficina de venta de casas y su correspondiente jardín. El año pasado, en plena crisis financiera, esta oficina, cerrada desde mucho tiempo atrás, de pronto, como por arte de magia, salió ardiendo. Se quemó también todo el jardín alrededor. Pero muchas plantas sobrevivieron, como esta salvia mejicana, y poco a poco crecieron de forma salvaje. Me adentré en el solar y arranqué varios esquejes. Las salvias y las plantas de su familia (las labiadas) se reproducen muy fácilmente con esta técnica.

Al llegar a casa, preparé los esquejes como suelo hacer, antes de meterlos en un jarrón con agua, pues no iba a poder ocuparme de plantarlos hasta hoy por la mañana. Para preparar los esquejes, acostumbro a eliminarles el máximo posible de ramas secundarias, de manera que requieran menos energía para mantenerse vivos durante el tiempo que tarden en generar las raíces. También elimino todas las hojas del extremo inferior de los tallos, por la misma razón, pero también, y sobre todo, para evitar que estas hojas se pudran dentro del jarrón de agua o al quedar sepultadas bajo tierra una vez plantados los esquejes. Así, me aseguro de que la parte del esqueje que introduzco, ya sea en el agua del jarrón o en la tierra,  está perfectamente limpia y libre de hojas y de ramas. En el mercado hay muchos productos de tipo hormonas de enraizamiento y antibióticos para garantizar el éxito de la reproducción de plantas por esquejes, pero yo no los utilizo. La experiencia me ha demostrado que suele bastar con tener la precaución de elegir y preparar adecuadamente los esquejes, en la época oportuna.

Mientras los plantaba esta mañana, he tenido cuidado de que la parte del tallo que he introducido en la tierra tenga dos o tres nudos, ya que es generalmente a partir de estos puntos desde donde la planta genera nuevas raíces. Luego los he regado abundantemente. Durante los próximos días debo asegurarme de que la tierra mantiene una humedad constante, necesaria para que broten las raíces.

Un esqueje no es el hijo de una planta, aunque solemos llamarlo así, sino que es un fragmento de una planta, un fragmento de un “sistema” que antes conocíamos como una determinada planta, en este caso, “la salvia mejicana del solar de mi barrio donde, antes de la crisis, había una agencia inmobiliaria”. A veces puede resultar difícil para nosotros, los No-plantas, entender que una planta no es un individuo, sino un sistema, dado que puede re-producirse de forma asexual, a partir de uno de sus fragmentos.


Es muy difícil destruir un sistema, lo pretendamos o no. El sistema se desmiembra, se rompe, se dispersa, se disuelve... sin desaparecer del todo. Todo sistema es mortal para el espíritu, decía Schlegel, pero luego añadía: no tenerlo también es mortal. De ahí que muchos optemos por la solución intermedia: cultivar los fragmentos, con la esperanza de que crezcan sistemas realmente nuevos.





Estado de los esquejes el 20/05/2013
la primera flor (25/05/2013)


domingo, 21 de abril de 2013

24. BAJO TIERRA

"Cuando ocultamos bajo tierra la verdad, ésta se incuba ahí 
y adquiere una fuerza tal que, el día que estalla, 
lo hace saltar todo con ella"... [Émile Zola]

pie de agapanto (agapanthus africanus)
Cuando el Sr. G llegó esta mañana, yo estaba cortando el césped, que ha crecido mucho en estos días tan calurosos. Se trata solo una franja de medio metro de ancho por unos 2,5 m de largo, en el borde izquierdo del camino de entrada. Es en esta franja donde mi perro se acuesta a tomar el sol, y donde tengo una única silla, que usa casi exclusivamente el Sr. G.

Como de costumbre, después de los saludos, mostré al Sr. G las novedades del jardín, empezando por el cajón donde sembré las patatas hace unos días. Aún no había brotado nada, de manera que sólo se veía, por el momento, la tierra oscura. Le comenté que, al igual que las patatas, muchas plantas esconden sus tallos bajo tierra. Gracias a esta estrategia, pueden colonizar terrenos donde las condiciones de vida son muy duras en ciertos periodos del año. Bajo tierra, las yemas quedan protegidas del frío o del sol excesivo y de los mordiscos de los animales herbívoros.

Los tallos ocultos adoptan, además, distintas formas (tubérculos, rizomas, cormos y bulbos), especializadas en el almacenamiento de agua, de azúcares y de carbohidratos. Es relativamente fácil distinguir qué plantas ocultan sus tallos bajo tierra, sin necesidad de desenterrarlas.

Por lo general, las plantas con tallos subterráneos se reconocen porque los peciolos de sus hojas salen directamente del suelo, una a una (como las aspidistras) o en matas (como las calas y los agapantos).

El Sr. G mostró mucho interés por estos hábitos subterráneos de las plantas y quiso mirar con detalle los pies de mis agapantos. Le expliqué que estas plantas suelen crecer en los márgenes de ríos o de lagos, de manera que sus tallos ocultos contribuyen a la fijación del terreno.

Entonces el Sr. G dijo que los seres humanos éramos como agapantos. Según él, las principales poblaciones del mundo se instalaron desde el principio en terrenos fangosos, ya que en estos parajes encontraban el barro y las plantas necesarios para curarse y para fabricar utensilios. Sobre estos terrenos después construyeron ciudades visibles, como lo son las hojas de mis agapantos, mientras que bajo el suelo ocultaban las yemas de ciudades invisibles.

“Es la paradoja de toda sepultura”, dijo, “que a la vez que oculta al muerto lo muestra y lo señala”. Esta metáfora creo que la entendí, pero luego siguió: “Los muertos que más retornan al recuerdo son aquellos que fueron enterrados demasiado profundamente o demasiado rápidamente, sin el debido funeral”.






miércoles, 17 de abril de 2013

23. PATATAS



Hoy encontré en el fondo de la cesta de las verduras un puñado de patatas viejas llenas de brotes. Mi reacción instintiva fue tirarlas a la basura, pero luego lo he pensado mejor y he decidido plantarlas. He preparado para ellas el cajón de madera que tengo al pie del jazmín (trachelospermum jasminoides).
Mientras plantaba las patatas, pensaba en la extraña conducta del Sr. G. Aunque lleva tiempo visitándome, lo cierto es que sé muy poco de él. Todo el tiempo me venía a la mente la imagen de su pie deforme. Al haberlo visto siempre calzado, es difícil estimar qué clase de problema tendría. Pensé en la cantidad de personajes históricos o más o menos famosos que eran o habían sido cojos: se me representó en mi mente un extraño cortejo formado por el faraón Tutankamón, el emperador Claudio, Lord Byron, el ministro nazi Goebbels, David Lynch … ¡hasta el jugador chileno Miguel Riffo!
Podía ser que el Sr. G tuviese un pie varo, como ellos, aunque también podría tratarse de gota, pensándolo mejor. El zapato izquierdo del Sr. G es sensiblemente distinto del derecho, más ancho por el empeine y más alto por el talón. Esto podría ser el indicio de un dedo gordo anormalmente hinchado, por culpa de la gota; o acaso un espolón en el talón es lo que le habría provocado la deformación del pie y de dedos. Por un momento vi al Sr. G como ese sátiro al que el Dios Pan le quita la espina del talón; luego lo vi como un gallo, con sus espolones traicioneros. Después, en una actitud más pacífica, era un gallo cantando en lo alto de la torre de una iglesia. De aquí pasé a imaginarlo como el apóstol Santiago, sentado en su silla. Pero su trono era ahora el sillón junto al rosal trepador. El nombre de Santiago deriva de Jacobo o Yago, que significa literalmente “El que sigue”, “El que camina siempre detrás”. ¿Quizá llamaron así a este apóstol por ser cojo? ¡Qué disparate, estoy empezando a hablar como el Sr. G!
Cuando terminé de plantar las patatas, las he cubierto con más tierra y he regado todo el jardín. Estamos bajo una ola de calor: las temperaturas llegan a los 30 grados al mediodía.






Las patatas se están secando prematuramente por culpa de las altas temperaturas
a mediados de junio (16/06/2013), con más de 30º a la sombra

cosecha de patatas el 11/08/2013


domingo, 14 de abril de 2013

22. EL SOL, EL AGUA Y EL VIENTO




Después de varios días de sol, ha empezado a soplar el viento de levante. La tierra se seca ahora muy rápidamente. Al ver que las calas estaban casi desmayadas por la sed, he sacado la manguera y me he puesto a regar, justo en el momento en que ha llegado el Sr. G. Tras los saludos, se ha ido a oler los alhelíes. Y después ha señalado cómo el color rojo de los rosales sevillanos, encendido por el sol, contrastaba con el blanco de las calas. Al Sr. G no parecía importarle que todo el suelo estuviese mojado. Sus zapatos iban dejando huellas por todas partes. 

De pronto ha pasado una bandada de abejarucos (Merops apiaster). Nos hemos quedado un rato callados, oyendo su piar característico. Ya hace dos o tres semanas que los veo pasar, pero esta vez han volado más bajo y he podido distinguir claramente sus colores.  Cuando la bandada de abejarucos se ha ido, he cerrado la manguera. Es entonces cuando he exclamado: ¡Ah, qué paz!
El Sr. G ha comentado que las palabras "paz" y "pacto" comparten el mismo origen etimológico. Dijo:  “La paz es el pacto de silencio que protege el olvido, manipulando la memoria”. “¿El olvido de qué?, no te entiendo”, le dije, a lo que él respondió: “el olvido de Magna Mater y de su brillante prole, naturalmente”.


Esta vez yo no estaba dispuesto a dejarme intranquilizar por las palabras del Sr. G. Me quité los zapatos y me puse a chapotear descalzo, solo por el gusto de sentir el suelo mojado.






jueves, 11 de abril de 2013

21. UN REBAÑO DE PULGONES




Hormigas (Lasius sp.) ordeñando
su rebaño de pulgones
Los pulgones ya han empezado a infestar algunas plantas. En general, estos insectos sólo atacan a aquellas plantas que están estresadas por algún motivo. El estrés de las plantas se debe casi siempre a un exceso de riego (o un exceso de lluvia, como en este caso) y a la falta de espacio vital producida por el consiguiente crecimiento desmesurado del follaje, tanto del suyo propio como del de las plantas vecinas.

Por eso, cuando una planta está infestada de pulgones, lo primero que hago es tranquilizarla. Para ello, una vez limpiadas las partes afectadas (con agua a presión o con una esponja empapada en agua jabonosa), reduzco los riegos y recorto parte del follaje excedente, asegurándome de que el aire puede circular libremente entre las ramas y secar el suelo. La eliminación de parte del follaje tiene la ventaja, además, de que deja a los pulgones expuestos a los depredadores.

A continuación he controlado a las hormigas, pues son ellas las pastoras de los rebaños de pulgones. Las hormigas trasladan a los pulgones de un sitio a otro, para proveerles los tallos más tiernos y jugosos, preferiblemente en lugares poco accesibles. Los ordeñan para obtener un líquido azucarado y los protegen de los depredadores. 



domingo, 7 de abril de 2013

20. FRESNO


Esta mañana he hecho muchos trabajos en el jardín, aprovechando que hacía muy buen tiempo. Entre otras cosas, he plantado una salvia y varias semillas de albahaca al pie del naranjo. He recogido todas las macetas de bulbosas que ya se han marchitado, para llevarlas a su lugar de reposo y de secado en la azotea.

Desde la azotea, he visto el Sr. G parado en medio de la calle charlando con otro vecino. Detrás del Sr. G estaba su nieta, apenas visible. De pronto, la he visto acercarse disimuladamente a la valla de mi jardín y después hurgar entre las ramas del rosal trepador. En pocos segundos, la niña volvió a su sitio habitual, tras las piernas del Sr. G. Ni él ni el otro vecino dieron muestras de haberse percatado de los movimientos sigilosos de la niña, distraídos con sus charlas. He esperado a que el Sr. G y la niña desaparecieran calle abajo para volver al jardín y comprobar qué era lo que le atrajo la atención en mi rosal.
Al principio no vi nada destacable pero luego, mirando con más atención, descubrí un trozo de tela de color verde, anudado en forma de lazo. Debido a su textura y color, apenas se distinguía del follaje recién brotado del rosal en las últimas semanas. Al cogerlo, noté un bulto en el centro del lazo. Entré corriendo en casa para abrirlo y descubrir su contenido. Estaba muy intrigado. El tejido estaba adornado con una escritura incomprensible en tinta de bolígrafo o algo parecido. Dentro había un rollo de papel también adornado con una caligrafía incomprensible, en tinta negra y roja. Dentro del rollo de papel aparecieron dos semillas aladas. Reconocí en seguida que se trataba de semillas de fresno. No entendía el significado. Me quedé perplejo mucho rato, sin llegar a ninguna conclusión, ni lógica ni ilógica.
Después de esto volví al jardín para seguir con mis trabajos, sin poderme quitar de la mente este extraño suceso. Al cabo de un rato vino el Sr. G, para su visita dominical. Después de comentar el buen tiempo que hacía, él se sentó en su silla y yo me dispuse a poner tutores a los alhelíes. Los tallos estaban muy largos y habían empezado a combarse con el peso de las flores y con los embates del viento. En primavera y en verano son muy frecuentes los vendavales, por lo que tengo que tomar la precaución de sostener con tutores las plantas más frágiles y de fijar bien las trepadoras.
Mientras hacía esto, señalaba al Sr. G las partes del jardín donde el viento suele afectar más. No sé por qué, no me atrevía a hablar con él de una forma directa acerca del misterioso lazo que su nieta había dejado en mi rosal. Seguramente no se trataba más que de un juego inocente. Entonces le comenté al Sr. G que, si yo tuviese un jardín más grande, me gustaría cultivar un par de bonitos fresnos. Y él respondió: “Para los griegos, los fresnos eran los árboles de las Melíades, protectoras de los niños. Ellas amamantaron a Zeus con el aguamiel obtenido de estos árboles, evitando que le crecieran las verrugas comunes en las criaturas divinas”. El Sr. G permaneció unos instantes callado, y luego añadió: “Para los vikingos, el primer hombre nació de un fresno. Ellos creían, por esta razón, que quien bebiese el aguamiel de estos árboles se convertiría en un poeta o en un gran sabio”.

El Sr. G aseguró que "los que conocen a Fresno, cuidan de ella y ayudan para que crezca fuerte y sana, se sienten honrados por haber alcanzado el saber supremo". Y por último sentenció: “No es el árbol de la Vida sino la vida del Árbol lo que cuenta; no es el árbol de la Sabiduría sino la sabiduría del Árbol lo que importa”. Después de esto el Sr. G permaneció callado hasta el momento de despedirse.





jueves, 4 de abril de 2013

19. EL DESASTRE OSCURO.





Esta mañana, cuando he pasado por el Callejón del Tinte, en Cádiz, me ha sorprendido una extraña claridad procedente de la placita que sirve de patio de entrada a la Escuela de Arte, a la espalda del Museo Arqueológico. Esta plaza, habitualmente oscura debido a la sombra de una araucaria y un drago (dracaena drago), ambos varias veces centenarios, aparecía inusualmente luminosa.
Y en seguida he comprendido el porqué: en medio de la plaza estaba tumbado el drago, roto por la mitad.  El gigante había sucumbido bajo el efecto de las lluvias y del peso de su copa, por culpa de la negligencia de los responsables municipales.
La visión del drago derrumbado me sobrecogió. Había terminado su floración recientemente. Había pequeños fragmentos dispersos por toda la plaza. Alguna gente había desmembrado su copa antes redonda.
Era la escena de una Caída catastrófica. La palabra “derrumbarse” viene del latín rupes, “la roca”.  La muerte del drago escenificaba  así el desastre de la Inmensa Roca que cayó por primera vez desde las alturas, al inicio del mundo.

Mientras lo observaba enmudecido,  me acordé de estas palabras de Maurice Blanchot:


Es el desastre oscuro el que porta la luz.


Un mirlo observa en silencio el desastre


La retirada de los restos del drago el 25/04/2013
(a la derecha, detalle del mirlo asomándose al agujero dejado por las raíces del drago)


Un árbol es una plaza es mucho más que un árbol y da mucho más que sombra.

"El sufrimiento de nuestro tiempo: nuestras miradas estaban dirigidas hacia el suelo" (M. Blanchot)



La araucaria se ha quedado un tiempo solitaria, esperando la llegada del nuevo inquilino








El ayuntamiento ha decidido plantar un acebuche centenario. Creo que esta solución es un error. Trasplantar un acebuche centenario en una plaza sombría lejos del lugar donde creció es afrontar el desafío de un probable segundo desastre. El viejo drago ahora muerto se plantó siendo joven, y creció junto a los habitantes de Cádiz, convirtiéndose poco a poco en el símbolo que hoy es. Lo mejor habría sido plantar un árbol joven, savia nueva para reemplazar al gigante caído, de manera que los jóvenes de hoy pudiesen reconocerse él  y lo reconociesen con el paso del tiempo. Que este nuevo árbol viejo augure cambios en la ciudad.

04/02/2014: Casi un año después de la caída del drago, el acebuche apenas ha crecido
y el estado de la plaza es deplorable


miércoles, 3 de abril de 2013

18. ¿QUÉ MOSCA...?


moscas (Syrphidae) libando
en una flor de cala
Con las lluvias y las temperaturas primaverales (18º), el jardín se ha llenado de moscas de diferentes especies. Algunas, como estas sírfidas de la foto, parecen abejas tanto por sus colores como por sus costumbres: liban el néctar de flores y comen el polen. Se sienten particularmente atraídas por las flores de las calas (zantedeschia aethiopica) y de otras especies de aráceas, como los anthuriums y los philodendrons. Otras moscas, como las antomíidas (ver foto más abajo), se alimentan de las flores marchitas y de la materia vegetal en descomposición.






Lo que las moscas nos han quitado, nunca podremos recuperarlo.




lunes, 1 de abril de 2013

17. VIDA Y MUERTE DE UNA FLOR DE PERVINCA


“From my rotting body, flowers shall grow 
and I am in them and that is eternity” [Edvard Munch]


Otro domingo lluvioso sin poder trabajar en el jardín. Cuando ha venido el Sr. G, nos hemos refugiado bajo el porche. Al cabo de un rato, inesperadamente, se ha abierto un claro en el cielo y ha brillado un sol muy luminoso. Entonces hemos bajado al jardín a observar la planta de pervinca, que este año está floreciendo más que nunca.
Una flor marchita me ha llamado la atención por la belleza de su gesto moribundo. Me ha parecido un pájaro agonizante, batiendo sus alas intentando no morir. Cuando he comentado esto al Sr. G, él ha gritado de pronto: ¡Ay, el hermoso cadáver, la hermosa muerta! ¡Oh, Señor, acaba de ser asesinada en este preciso instante! 
Yo no he comprendido inmediatamente que se trataba de una cita del Marqués de Sade, por lo que su exclamación me ha trastornado mucho. Después, él me ha hecho fijarme mejor en la flor marchita, señalándome los pétalos extremadamente suaves y sedosos de la muerta, sin el menor vestigio del sufrimiento padecido, tal como si hubiese muerto recién nacida.

Y entonces dijo: “Nacemos tantas veces como morimos, porque en realidad nunca estamos vivos realmente. La humanidad nunca será más vieja ni más joven de lo que fue al principio”.