miércoles, 27 de marzo de 2013

16. EL LENGUAJE DE LOS FRUTOS



frutos dehiscentes de las freesias
La floración de las plantas de temporada como los muscari, los narcisos y las freesias dura apenas un par de semanas (o como mucho tres, si lo hacen escalonadamente), lo que es un tiempo relativamente muy corto, comparado con la duración total de sus ciclos de vida. Este hecho, personalmente, no me decepciona; al contrario, la explosión fugaz de flores en los últimos días del invierno me contagia mucho entusiasmo.
Además, cuando estas flores empiezan a marchitarse, es el momento de dejarse fascinar por sus frutos tan tempranos.

Los frutos también transmiten mensajes, contribuyendo al discurso global de cada planta. Además de contener el código genético de la futura planta, los frutos hablan de las costumbres y de las preferencias de las plantas a la hora de colonizar territorios.
En este sentido, hay dos grandes grupos de frutos: los "dehiscentes" y "los indehiscentes", o por decirlo de un modo más simple: los que se abren y los que hay que abrirlos.
Los dehiscentes, como los de los muscari, los narcisos y las freesias, se abren por sí mismos, como por ensalmo, gracias a procesos mecánicos y físicos, en los que intervienen factores de humedad, presión y temperatura. Estos frutos, generalmente verdes y relativamente jugosos al principio, se secan progresivamente, de manera que, cuando las semillas están maduras, el fruto se abre por ciertas líneas que aparecen claramente dibujadas, como diciendo: “este fruto se abrirá por aquí”.

Los frutos dehiscentes nos cuentan, con el delicado dibujo de sus líneas de apertura, que a las plantas que los producen no les gusta colonizar mundos desconocidos, ni siquiera pretenden viajar muy lejos (con algunas notables excepciones de plantas con frutos dehiscentes explosivos).
Pues estos frutos, una vez abiertos, dejan caer descuidadamente las semillas en las proximidades, de manera que las plantas hijas puedan proliferar junto a la planta madre, formando familias compactas que se autoprotegen en grupo del viento y se defienden de la competencia de otras especies vegetales. No temen que sus plantas hijas les roben los nutrientes del suelo, bien porque crecen en suelos suficientemente ricos (como los narcisos) o bien porque son muy poco exigentes (como las freesias). 


Por el contrario, los frutos indehiscentes, como por ejemplo las ciruelas, desarrollan vivos colores y carnes jugosas para despertar el deseo en los No-plantas, los seres sensoriales, con el fin de que éstos los abran, se los coman y después excreten -o simplemente desechen- las semillas, duras y amargas, lejos de la planta madre. Los frutos indehiscentes nos dicen que sus plantas son grandes viajeras y perseverantes colonizadoras de nuevos mundos.





No hay comentarios:

Publicar un comentario