jueves, 21 de marzo de 2013

14. ¡ABEJA, TE ESTOY ESPERANDO!

 Bee! I’m expecting you! [Emily Dickinson]

Me ha llamado la atención esta mañana una abeja que me parecía distinta a las demás (a las melíferas, quiero decir), pues ésta tenía unas antenas muy largas. Le hice una foto y se la mandé por email a un amigo. Éste me respondió en seguida, diciendo que se trataba probablemente de una Eucera longicornis macho. 
Estas abejas son de costumbres solitarias. Por lo visto también tienen una lengua muy larga, que les permite alcanzar nectarios a los que otras especies de abeja no llegan. 
Al enterarme de esto, me acordé de un artículo que leí recientemente en El País (13/03/2013), el cual citaba a su vez un artículo de la revista Animal Behaviour. En este artículo se afirma que las abejas que viven en colmenas han desarrollado una manera de avisar a sus congéneres, a través de señales olfativas, de la presencia de depredadores escondidos en una determinada flor, evitándoles así ser atacadas desprevenidas. Las abejas solitarias, por el contrario, según este mismo artículo, al no estar “obligadas a cooperar” (sic), no dejan ninguna señal de advertencia a sus congéneres. Para ellas, que una congénere sea presa de un depredador es “indiferente” (sic). 
Estas interpretaciones sobre la conducta de las abejas solitarias me sorprendieron mucho. Por un lado, el artículo sugería implícitamente que las abejas de colmena cooperaban bajo algún tipo de coacción y, por otro lado, parecía atribuir explícitamente a las abejas solitarias un carácter insolidario sólo por el hecho de no vivir en colmenas. Curiosamente, en la versión digital del mismo diario, tales comentarios subjetivos han sido suprimidos.
Por alguna razón, asociamos automáticamente comportamientos maliciosos a la soledad, aunque sabemos que no existe ninguna relación lógica, ni tampoco natural, entre ambos conceptos. Se trata, creo yo, de una asociación aprendida, de dudoso valor por otra parte. En estos momentos no se me ocurre mejor forma para desaprenderla que practicando la jardinería.
Personalmente, me ha alegrado mucho recibir la visita de esta abeja solitaria, que me ha dado mucha compañía esta mañana. De las abejas, ya sean solitarias o sociales, lo que me gusta es su zumbido, que parece significar: “¡Sé paciente!, ¡resiste!”… Es un sonido arcano, que me remonta a los orígenes de nuestra civilización, poco antes de que aprendiéramos a reconocer la primera palabra.








2 comentarios:

  1. Salvador, un amigo alicantino que trabaja con abejas silvestres, http://abejasilvestre.es/, me hace los siguientes comentarios sobre estas abejas solitarias...
    "Enseguida la he reconocido en la foto, es una abeja solitaria, hay un montón de especies de abejas solitarias, hacen unos agujeritos en sitios de tierra suelta como pequeñas cuevas provocadas por desprendimientos, nosotros las llamamos "busca agujeros".

    Una vez leí un artículo, un investigador consiguió controlar varios de estos nidos, la abeja recolectaba néctar para hacer provisiones para su única cría, la especie que investigaba era partenogenética, no se necesita fecundación no hay machos y hembras, (de sus huevos nacen individuos, exactamente iguales a los padre-madres), con la observación vio que cada individuo hacía una aportación al nido de un número muy determinado de viajes de néctar, (no recuerdo exactamente la cifra), estaba tan bien cubicado el espacio, que cuando terminaba ese número concreto de viajes, el hueco quedaba colmado, entonces ponía el huevo y lo sellaba con su saliva y tierra, el huevo eclosionaba y se alimentaba de esas reservas hasta que, una vez adulta, repetía el comportamiento de su padre-madre.

    El experimento consistió en retirar ese néctar mientras la abeja se marchaba a por más, para completar ese nido, con la esperanza de que el insecto rellenara el hueco una y otra vez, sin embargo, al completar el número de viajes establecido, estuviera colmado o no el hueco de néctar, la abeja ponía el huevo y sellaba la celda, como un robot programado.

    La pregunta es, ¿cómo puede contar ese pequeño insecto, el número de viajes que hace al nido sin equivocarse? imagínate que te dan un cubo de playa y te dicen que tienes que traer a un aljibe, exactamente 337 viajes, no a una sino a multitud de fuentes y que estas varios días en esta tarea, ¿cómo narices haces para no descontarte?, asombroso ¿verdad?"

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    1. Muchas gracias por el comentario. Lo que cuentas es, además de asombroso, inquietante, me refiero concretamente al hecho de que estas abejas se reproduzcan partenogenéticamente, creando una población de criaturas solitarias clónicas. ¿se puede ser un individuo solitario y a la vez ser múltiple? Necesariamente sí. Esta abeja de la foto puede decir, con pleno derecho: "ego sum qui sum", al ser exactamente idéntica a si misma. Tal singularidad la condena a una vida apartada y solitaria, si no quiere convertirse en un monstruo de circo o arder en una hoguera.

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