jueves, 28 de febrero de 2013

08. YO ANTES SOLO VEÍA GORRIONES EN MI JARDÍN



Mosquitero
en el Hibisco Rosa de Siria
Esta mañana, cuando salía para trabajar, he visto un mosquitero posado en las ramas todavía desnudas del hibisco Rosa de Siria. Los dos nos hemos quedado paralizados unos segundos, mirándonos el uno al otro fijamente con curiosidad, y luego cada uno ha seguido su camino, él más precipitadamente que yo. 
Hace varios años, yo era de los que sólo ven gorriones en su jardín. Como mucho me cruzaba de vez en cuando con algún mirlo escandaloso. Fue mi hijo mayor quien me hizo notar, y distinguir, la cantidad de especies diferentes de aves que nos visitan. 
Algunas son pasajeras, llegan en ciertos periodos del año, y luego se marchan tan discretamente como han venido. Otras residen en el barrio, y ocasionalmente anidan en mis plantas. 
Por supuesto los visitantes más numerosos y permanentes son los gorriones. Al atardecer se resguardan entre las ramas del naranjo y del chirimoyo, o entre la maraña de hojas del ficus trepador. Me resultan molestos porque se pelean constantemente entre sí, con mucho ruido, para buscar el sitio más seguro, ya que cada tarde, entre octubre y febrero, siempre un poco antes de caer el sol, pasa un gavilán por el barrio buscando presas. Y más tarde, por la noche, sufren los ataques de lechuzas y de un enorme cárabo. 
Los mosquiteros y las currucas capirotadas abundan en otoño y en invierno, algunas se quedan todo el año. Visitan mi jardín de forma intermitente, pero todos los días; parece que, por alguna razón que desconozco, les gusta particularmente buscar insectos entre las ramas del hibisco Rosa de Siria. 
A finales de agosto llegan los petirrojos, la mayoría se va antes del verano; los colirrojos llegan a finales de octubre y me visitan esporádicamente hasta marzo o abril. Los petirrojos son bastante más confiados que las otras especies de insectívoros. Si te ven removiendo la tierra con la azada o con el rastrillo, se esperan cerca de ti decididos a capturar las lombrices y larvas apenas quedan al descubierto. 
A veces vienen tórtolas turcas, que son aves invasoras en esta región, y también vienen al jardín, desde hace pocos años, palomas torcaces. Estas enormes palomas antes no solían verse por la ciudad, pero a medida que ésta se ha extendido y que las zonas ajardinadas han proliferado, se han vuelto relativamente comunes en mi barrio.
Mi hijo, que tiene una vista muy aguda para distinguir especies de aves, ha observado además jilgueros, verderones, verdecillos, pardillos y, más raramente, ruiseñores.


Este zarcero común (Hippolais polyglotta) cayó un día de agosto en mi jardín (07/08/13) agotado
por el calor y por la sed. Lo cogí sin que el pajarillo opusiera resistencia, le di de beber en
el grifo del lavabo, y al soltarlo de nuevo en el jardín escapó volando a toda velocidad.


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