miércoles, 13 de febrero de 2013

04. PENSANDO EN LAS RAÍCES DE LAS PLANTAS

Esta tarde he trasplantado un esqueje de begonia, ya enraizado, a su tiesto definitivo. Después de aplastar muy bien la tierra alrededor de la base del tallo, la he regado abundantemente. Mientras hacía esto he pensado en lo importante que es elegir el tiesto adecuado en función del tipo de planta, del riego que le daremos y del grado de exposición al sol.
Cuando algunos amigos me preguntan si una determinada planta necesita sol o sombra, y cuánto deben regarla, yo respondo preguntándoles a mi vez en qué tiesto piensan ponerla y con qué tipo de tierra. Parece un enigma pero no lo es. Pues una planta que ama el sol, como por ejemplo una petunia, se calcinará en pocos días si la exponemos al sol manteniéndolas en el pequeño tiesto de plástico típico de los viveros.
Cuando admiramos una planta, pensamos pocas veces en sus raíces. Hay tierras que filtran el agua casi sin mojarse, otras que al empaparse se quedan cenagosas, otras que impiden al agua colarse, dejando charcos en la superficie. Debemos primero observar cómo se comporta la tierra de nuestra maceta o de nuestro jardín antes de decidir cuánto regar. En cualquier caso, en lo que respecta al menos a la jardinería en macetas, siempre es mejor regar poco, pero a menudo, que regar mucho pero pocas veces.
Las plantas se acostumbran a tu ritmo de regado, y adaptan su crecimiento a ese ritmo. Lo que es frustrante para ellas es que no exista ningún ritmo, es decir, que no puedan calcular cuándo van a recibir agua ni qué cantidad cada vez.  Eso las pone muy nerviosas. Y el estrés hídrico las vuelve vulnerables a las plagas y enfermedades.
Por otra parte, como decía, está la elección del tiesto. Las raíces de una planta expuesta al sol y a los vientos en una maceta se secan más rápidamente que si están en tierra. Por eso conviene, en las terrazas, en las azoteas o en los balcones, usar tiestos preferentemente de barro, lo más anchos y profundos que se pueda (en función del tamaño final de planta) y con un buen drenaje mediante a un depósito de grava en el fondo. Conviene elevar los tiestos sobre el suelo, para permitir la aireación en verano e impedir el estancamiento de agua en invierno, utilizando soportes de metal o tacos de barro cocido, por ejemplo. Para asegurarnos una mayor protección a sus raíces, podemos además cubrir la superficie con cortezas o guijarros.

Y por último está el lenguaje de las hojas, que nos habla de sus niveles de tolerancia a la luz y a la humedad. En este lenguaje intervienen cuatro categorías de signos: la forma, la textura, el grosor y el color. Otro día lo veremos con detalle.


A la izquierda, el esqueje recién trasplantado, el 13/02/2013.
A la derecha, el mismo esqueje 8 meses después, el 11/10/2013

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