domingo, 10 de febrero de 2013

03. UNA CLIVIA FANTASMAGÓRICA

Es el momento de podar los rosales, antes de que empiecen a rebrotar. Estaba dedicándome precisamente esta mañana a podar el rosal rojo que trepa por la valla junto a la puerta de entrada al jardín, y también por el arco encima de ésta,  cuando he visto asomar el inconfundible pelo blanquísimo del señor G. por encima del borde de la puerta. Le he abierto antes de que llamara. “Vengo a por naranjas” me dijo, mientras entraba.
El señor G. es uno de los visitantes asiduos de mi jardín, un vecino extravagante que vive varias casas más abajo. Es clavado a Max von Sydow, pero con un pie equinovaro que le hace cojear un poco. Unas semanas atrás le dije que cuando necesitara naranjas viniera a cogerlas él mismo del árbol de mi jardín. Desde entonces ha venido en varias ocasiones. Coge cada vez solo tres, una para él y las otras dos para su hermana y su nieta, con las que vive. Ya quedan pocas naranjas. Esta vez ha hecho lo mismo, pero ha pelado inmediatamente la suya y se ha sentado a comérsela en la silla de mimbre en la que suele sentarse a observarme mientras trabajo en el jardín.
Como la silla se encuentra precisamente junto al rosal trepador que estaba podando, he tenido que interrumpir esta tarea y me he dedicado entonces a renovar un poco las clivias. Les he quitado las hojas más viejas y estropeadas y he recubierto con tierra nueva las raíces que estaban al descubierto. Me he dado cuenta que ya han empezado a brotar hojas nuevas y a preparar los tallos florales.
Estas clivias, tengo varias, cada una en un tiesto de barro grande, proceden todas de esquejes de una misma y sola planta, a la que quiero mucho. Lleva viviendo conmigo unos veinte años. He repartido muchos esquejes suyos por distintas macetas y también los he regalado a familiares y amigos. Cuando los visito, reconozco a mi planta rápidamente, aunque sus tamaños y emplazamientos sean distintos. Me gusta pensar que todas son genéticamente idénticas a la mía, copias de la mía, siendo, no obstante, otras.
Le he comentado esto al Sr. G, que seguía comiendo parsimoniosamente su naranja, y él me ha dicho: “Tu clivia no está viva ni muerta, es un fantasma de sí misma, una aparición, la copia que vuelve para suplantarla cada vez. De un modo parecido a tu clivia,  todos tenemos nuestra copia en alguna parte o, mejor dicho, en algún momento. Tú y yo somos copias de nosotros mismos. Pero no debemos intentar ver a nuestras copias, porque enloqueceríamos, como Narciso, al tomar consciencia de que formamos parte de una ciclo de repeticiones”.


1 comentario:

  1. I love the story of your Clivia. It was very enlightening. Your garden is already bursting with colour and life. You have such a deep understanding of they way your plants, or plants in general, need and possibly would like, just like human beings. Non vedo l'ora di leggere un commento dove menzioni il tuo cane! Tantissimi complimenti!! Vale

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